La circunscripción electoral para aspirar al Senado de la República es nacional, lo cual nos indica que cualquier persona que desee conquistar un escaño en la Rama Legislativa, en su cámara alta, se encuentra habilitada para incursionar con su discurso en cualquier rincón del país. Pero todos sabemos que, a pesar del cambio que trajo consigo la Constitución de 1991, que se fundamentó en el fortalecimiento de los partidos políticos, la representación de los intereses de todo el país y la búsqueda (tibia) de una representación equitativa en el Senado de la República de la Nación; los intereses de la mayoría de los electos son particulares, con atención a su fortín político, y escasamente los adalides no caben en los dedos de la mano.
En ese orden de ideas, vemos cómo las regiones se llenan de vallas que representan los colores con sus diferentes gamas y eslóganes ardides para cautivar timoratos, que del dicho al hecho no superan el trecho, y el departamento del Cesar no es la excepción. De ahí, la pesca de incautos por candidatos que, si acaso conocen a Valledupar, es por su música o geografía nacional, o por ser advenedizos que tuvieron el golpe de suerte de haber sido apadrinados por varones electorales de otros departamentos y obtuvieron la dirección de alguna institución de la que no dejaron legado alguno; y en los locales, por obras civiles suntuosas y superfluas ante las necesidades primarias de las personas cuando fueron ejecutores.
Todos sabemos quiénes son los nuestros; de sus capacidades, virtudes y moralidad. Por lo que, en principio, se podría exponer “a lo tuyo tú” con razón o sin ella, de lo cual tendría simpatizantes y ayudaría a los limitados en un momento dado, lo que en el raciocinio no debería tener cabida, pues no podemos seguir con los mismos y con las mismas por solidaridad, así los desastres administrativos nos consuman en nuestra propia salsa y la satisfacción estomacal nos mate por el reflujo aspirativo ante la oportunidad de turno.
Se necesita que nos representen personas que sean dueñas del conocimiento y del carácter para exponerlo, defenderlo y ejecutarlo, que no sean espejismos o actores del juego de la pimientica en feria de pueblo o fiesta patronal. Por ello, de los siete (7) aspirantes al Senado de la República oriundos del departamento del Cesar o asentados en él, la que realmente es diferente por su formación integral es Claudia Margarita Zuleta Murgas: optómetra, profesional del Derecho, maestrante en Derecho Constitucional y en Seguridad Social, que, aunado a su carácter, convicción del bien común y lo correcto, es prenda de garantía que el voto de confianza en ella es útil.
No le temblará la voz, ni se amilanará o tendrá pánico escénico por el recinto, o se llenará de mutismo por los opositores o detentadores del poder ejecutivo, o medios de comunicación televisivos, de imprenta o radial. Su experiencia en la Asamblea Departamental del Cesar es testimonio de su entereza para asumir los debates previo estudio, comprobación de hechos y soluciones factibles. Así como el conocimiento de la minería y en especial sobre hidrocarburos que tanto nos ata como al departamento de La Guajira, de la que su vínculo es como si fuera un patronato para llegar a puerto seguro, pues su pensamiento es un faro nacional por la importancia en la economía territorial del país que tiene el carbón, el gas y el petróleo, aunado a la transición energética en la Nación, al igual que sobre el sistema de salud hoy maltrecho. Es una persona que maneja las estadísticas sociales e índices económicos en gran parte de los departamentos de la Región Caribe (lógicamente del Cesar y La Guajira entre ellos), por saber de sus problemáticas, carencias y deficiencias primarias y secundarias de su gente.
Por lo anterior y en comparación a los demás postulantes, no hay que hacer elucubración exhaustiva para concluir que la mejor opción es Claudia Margarita Zuleta Murgas para el Senado de la República, que es donde seguramente va a desarrollar todo su potencial de servicio en procura de una mejor Colombia.





