Hay un refrán popular que dice que: “Es mejor ponerse rojo un momento y no vivir rosadito toda la vida”. Y existe porque irónicamente hay una población que le cuesta decir que no. Fácilmente se pueden identificar dos grupos entre estas personas, los que por razones de baja autoestima pretenden complacer a todos y por ende dicen que sí a cuanto pedido reciben, incluso a costa de su propia comodidad; son por naturaleza, exageradamente “serviciales” y terminan crucificados por algún avivato que se aprovecha de esta condición y abusa de ellos.
El otro grupo es aquel que no dice que no, pero tampoco dice que sí; saca excusas, dilata, aplaza y promete. Son incapaces de asumir posturas y, por lo general, terminan siendo los reyes de las promesas incumplidas. “Esta semana sí”, “Te llamo y nos ponemos de acuerdo”, “Tenía el teléfono en silencio”, “No tengo ninguna llamada tuya”, “Se me presentó algo urgente” entre otras muchas formas de evitar decir que no, no quiero, no me gusta, no puedo o sencillamente no lo voy a hacer o no estoy de acuerdo, creo que estaremos de acuerdo en que nadie ha muerto porque le digan que no o por decirlo; pero cuántos conflictos, amistades e inclusive guerras se hubiesen evitado con tan solo decir que no.
Y es que no es un tema menor, la palabra no, es más que una palabra pronunciada; como todas las palabras no son solo sonidos, ni son inocentes, todas tienen en sí su propio poder e irónicamente ésta tiene aún más poder porque, como en nuestro caso, evita conflictos, salva relaciones, pero también bloquea; por ejemplo, en el área del servicio o la atención al cliente, quien recibe una negativa automáticamente su cerebro lo interpreta como una amenaza liberando adrenalina haciendo que el individuo adopte una actitud a la defensiva bloqueando toda posibilidad de consenso y negociación.
Es por ello que los expertos en programación neurolingüística (PNL) y motivadores profesionales recomiendan que cuando se interactúe con otras personas, especialmente en procesos de negociación, siempre, siempre, se pronuncie la palabra sí cuando la respuesta que se va a dar es negativa, para contrarrestar objeciones o para demostrar desacuerdo. No es lo mismo decir ¡No se puede! ¡No es posible! ¡No está permitido” a decir “Si, usted tiene toda la razón, ¡pero lamentablemente…!” o “Entiendo su molestia por no acceder a su petición en este momento, pero podría explorar otras opciones por usted”, la misma frase en el mismo contexto con resultados diferentes.
La comunicación entre humanos es la más grande y extraordinaria condición que nos distingue de los animales; por ende, es vital evitar que se extinga o se simplifique a mensajes de texto, emoticones, stickers y memes; lamentablemente, todo indicaría que ese será el futuro.
Pero volviendo al tema que nos interesa, las personas que les cuesta decir que no, no lo hacen conscientemente, de hecho las juzgamos duramente por no atreverse a decirnos lo que queremos escuchar, pero la realidad es que hay algo mucho más complejo detrás y dentro, que han ameritado sendos estudios del comportamiento humano, conclusiones y recomendaciones, que las personas, o no conocen o simplemente no les interesa conocer. Si hay algo donde el 99 % de las personas no quiere invertir es precisamente en su crecimiento personal, de hecho: ¿a quién le interesa que en el mundo haya buenas personas? Con el auge que está teniendo la IA, todo indicaría que en el futuro cercano tendrá más valor aquel que pueda especializarse en hacer las mejores preguntas a una máquina cuyo origen se basa irónicamente en la mente humana, que las personas que sepan comunicarse oralmente. No exagero, para allá vamos.
Ya saben, de ahora en adelante, díganle a ese amigo, amiga, pareja, socio, familiar o compañero de trabajo, no, no quiero ir a tu fiesta, no me gustan los planes de celebraciones donde tú invitas y yo pago, no quiero asistir a un evento de anuncio de sexo del bebé porque no estoy de acuerdo, no puedo ir a tu fiesta porque no tengo presupuesto para regalos este mes o sencillamente. ¡Te aprecio mucho pero no puedo acompañarte esta vez en tu proyecto! Pero ¡háganlo! No saben lo que libera.
Por: Eloy Gutiérrez Anaya





