A veces confundimos el propósito, con la causa que lo mueve, pero una forma de averiguar, el porqué de las cosas y nuestros deseos más profundos, es reconociendo, aquello que nos mueve, el motor que nos enciende, que es el mismo que le permite al propósito cumplirse y mantenerse, sin generarnos decepción con el tiempo.
El para qué, es tan sólo un resultado, que, aunque pueda ser significativo, recordemos que la vida se trata de disfrutar el camino, no la meta. El verdadero problema surge, cuando se busca un para qué, sin tener una motivación previa, sin haber encendido el fuego que hace que la finalidad se alcance y el camino sea divertido.
Las metas, fijan logros materiales, externos, tangibles. Las razones, son los motivos, deben venir de nuestro interior, son intangibles, hacen parte de nuestros valores y aquello que nos define. Si aplicamos esto en nuestra vida, logramos alcanzar nuestros sueños, gracias a que la fuente que nos permite levantar en momentos de crisis, viene de nuestro interior, nadie nos las proporciona.





