De este proceso eleccionario en curso hay mucho por decir; las elecciones libres son la matriz de la democracia, así nos dicen, pero las secuestran, nunca sabemos quiénes son los verdaderos ganadores. La Registraduría, responsable de esta parte vital en un Estado de derecho, es una caja de Pandora. Los audios escuchados en los cuales Efraín Cepeda le pide ayuda al registrador y este le plantea unas estrategias para desorientar al progresismo y a Petro calificándolo de “malparido”, así lo confirman. El presidente de la República viene dando unas alarmas acerca del manejo electoral pese a lo afirmado por el procurador y el contralor que le hacen coro al registrador respecto a la pureza del sistema. Petro ha insistido en que el software electoral sea auditado, pero se han pasado por la faja las decisiones del Consejo de Estado y quieren silenciar a Petro para hacer sus trucos electorales. ¿Por qué molestarse porque alguien hable de sospechas? ¿A quién interesa el crimen? La jugada no les ha resultado; por primera vez muchos clanes regionales comienzan a desmoronarse mientras que con el reconteo las fuerzas oficiales se consolidan; todo lo que comienza mal es susceptible de empeorar, dice un aforismo español así no sea una ley absoluta. No hay imperio que no caiga, este es un proceso vegetativo y dialéctico.
Muchos aspiran a ser el nuevo presidente de Colombia, pero solo dos tienen posibilidades, Iván Cepeda y Paloma Valencia; la polarización se concentra en dos escuelas del pensamiento ideológico, la derecha y la izquierda se miden; los del mal llamado centro carecen de sustento, este lugar no existe, estamos entre el sí y el no, nada de refugios. Conocemos las diferencias entre la derecha y la izquierda, miran diferente la prioridad y naturaleza de los problemas y plantean soluciones opuestas. Mientras la derecha crea nichos de privilegiados y se concentra en el orden y las armas, la izquierda habla de paz y propende por la redistribución del ingreso sin afectar a los ricos; con Petro las utilidades del sector empresarial superaron las obtenidas en gobiernos de derecha, qué paradoja; aquí se habla de derechos y oportunidades y se piensa más en el concepto de nación que de patria. La derecha quiere reducir el Estado al aparato represivo, la izquierda lo lleva hasta los más vulnerables. Les recuerdo que Uribe vendió alrededor de 500 empresas estatales productivas y estratégicas. Mientras la derecha se queda en las formas y la exclusión, la izquierda se concentra en los contenidos y en la inclusión. Cuando Petro escogió a Francia Márquez como su fórmula presidencial, ella y él fueron duramente criticados; esperan para este cargo a una Martha Lucía Ramírez, una “clubmen”, elegante y bien vestida, una “Harvard”, con muchos pergaminos. Pero para aspirar a la presidencia de la República solo se requiere ser mayor de 30 años y colombiano de nacimiento. Tampoco existen requisitos de fondo para ser legislador. Ahora que Cepeda escoge a Aida Quilcué, resurge el concepto de “la indiamenta” y el intolerable racismo, reniegan de la inclusión: los indígenas fueron primero que nosotros y mucho antes que el conquistador viniera. Nuestra mayoría es de mestizos. En cambio, la derecha, pese a ser xenófoba y opuesta a la equidad de género, escoge a un confeso gay. Esto no es coherente, es mercantilismo electoral. Es una mezcla explosiva, un bumerang; los LGBTIQ+ que votaron por él para la Alcaldía de Bogotá quizás ahora no lo harán, estos votos podrían ser de falsa bandera porque lo escucharon defendiendo tesis petristas.
Fabio Arias (Unitarios de Roy), presidente de la CUT, con millones de afiliados, el hombre que convoca a las marchas de Petro, que asiste a los consejos de gobierno y se expone a los medios cada día, aspiró al Senado y fue derrotado estruendosamente, una víctima más del eslogan “pacto, pacto” que convirtió al progresismo en unos de primera y otros de segunda. Qué cosa tan patética. Réquiem por el sindicalismo y conjuros por el sectarismo. Esto no ha terminado, el rancho arde.
Por: Luis Napoleón de Armas P.
