Desaconsejan al presidente colombiano, Gustavo Petro, para que no caiga en la trampa de ir a la Casa Blanca, en atención a la cortesía del presidente norteamericano, Donald Trump, de recibirlo con honores como jefe de Estado, narrativa impulsada por opositores y grupos interesados en deteriorar la relación entre Bogotá y Washington, pero otros le dicen que vaya y acepte el diálogo, que es el camino en medio de profundas diferencias que se pueden allanar en un ambiente signado por el ‘Petrumpismo’, que sería la alianza de dos gobiernos que se habían distanciado por actores que siembran la discordia.
Los psicoanalistas, pupilos de Sigmund Freud, establecen un perfil parecido entre Trump y el exministro de Propaganda nazi, Joseph Goebbels, caracterizado por emplear la exageración y desfiguración, vulgarización, orquestación y verosimilitud para desprestigiar y desdibujar la imagen del adversario, lo que acrecienta la desconfianza y ensancha el margen de riesgos.
Señor presidente, por favor, no se le ocurra ir a la Casa Blanca. No vaya. No se suba a ese avión. No cruce esa puerta giratoria alfombrada donde las sonrisas brillan mientras los cuchillos esperan.
Todo esto —absolutamente todo— huele a trampa. A trampa vieja. De esas que no necesitan creatividad porque ya fueron usadas. Con manual desclasificado. Con antecedentes verificables.
Donald Trump decidió que usted no era un presidente, sino un “líder del narcotráfico”. Así, sin juez, sin fiscal, sin pruebas. Sin más sustento que su cuenta de Truth Social y su conocida pasión por la calumnia. Narcotraficante, protector de la coca, enfermo, peligro regional, resonó en el contexto global, aunque pudo ser retórica e injerencia política yanqui para incidir en las elecciones presidenciales que se avecinan en Colombia.
Montaje o no, Petro denunció la Junta del Narcotráfico, una estructura transnacional con alianzas entre varias mafias del mundo, tema hablado con Trump.
“En Colombia no existía inteligencia sobre ellos. Operaban en la sombra.
Viven en el extranjero, gozaron de acuerdos judiciales en Estados Unidos y pusieron a su servicio al Clan del Golfo y a Iván Mordisco. Hoy son el mayor cártel de cocaína del planeta. Antes se movían desde Bogotá y Boyacá”.
Subraya a renglón seguido que la cocaína que llegaba al Apure venezolano salía en avión desde Bogotá.
“La que sale por Catatumbo la compran ellos junto a socios mexicanos y albaneses. Controlan rutas hacia Ecuador y múltiples puertos estratégicos. Mueven droga en submarinos y buques mercantes, entrenando jóvenes para bucear y escalar barcos gigantes. Intentaron asesinarme por haberlos descubierto, pero cayó en Ecuador el potencial asesino”, contextualizó Petro.
“La guerra de las armas siempre va precedida de la guerra de las lenguas”, sentenció Henry Kissinger, chisme que se va a aclarar entre los dos mandatarios, gracias a la diplomacia colombiana que hizo eco en el senador republicano, Rand Paul, peor hubiera sido lanzar bombas a la Casa de Nariño, solicitud de intervención militar reiterada desde la otra orilla.
El tiempo remarcará el histórico encuentro, agendado para la primera semana de febrero, una verdadera caja de Pandora por abrir: ¿qué va a pasar en la disyuntiva de tomarlo eventualmente prisionero con o sin evidencias, o pactar un tratado favorable a Norteamérica en la guerra comercial que Estados Unidos libra con China y Rusia? Lo dirá la historia.
Y en la disputa geopolítica entre las potencias se pueden dar acuerdos a los que la opinión pública no tiene acceso.
Estados Unidos en América Latina, con intención de extenderse en Groenlandia, tiene copias de llaves en China y Rusia. Mundo basado en reglas es ahora la ley de la selva. Putin y Xi Jinping, con carta blanca para recuperar la extinta Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas (URSS) y la isla de Taiwán. ¿Quién se los impide? Elucubraciones que pone en relieve el columnista de EL PILÓN, Luis Elquis Díaz, pero igual se colige que Estados Unidos, al reavivar la doctrina Monroe, “América para los americanos”, retoma el control del petróleo venezolano.
¿Seguridad y democracia, o poder e intereses disfrazados de libertad para Venezuela? Es el interrogante que marca el horizonte de la patria de Bolívar que quiere gobernar María Corina Machado, tildada de apátrida y cipayo, que es la persona que sirve a los intereses extranjeros en detrimento de los de su país, además, expuesta al síndrome de Procusto, temor a que te hagan sombra por el premio Nobel de la Paz que intrigó a su favor, pero que Trump reclamó en su momento, incidente que pasa factura con la presidencia de Delcy Rodríguez.
Por Miguel Aroca Yepes





