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La ópera Nabucco y el Risorgimento italiano, y ahora venezolano

La ópera Nabucco, de Giuseppe Verdi, es como un espejo de cuanto le ocurría a Italia como país desmembrado durante su angustioso siglo XIX.

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La ópera Nabucco, de Giuseppe Verdi, es como un espejo de cuanto le ocurría a Italia como país desmembrado durante su angustioso siglo XIX. En ella, el tema central no es solo la historia bíblica de Nabucodonosor, sino la lucha de un pueblo por la libertad y la identidad ante la tiranía. El coro de los esclavos hebreos es un himno emocional que se convierte en una voz colectiva de la cautividad y, al mismo tiempo, en esperanza para la Italia que quería unirse, liberarse de los potentes imperios y soñar con la patria. “Va, pensiero”, de la ópera, lo podemos traducir como pensamientos por la patria desgarrada y distante.

Aunque la acción sucede en Mesopotamia, la conexión con el Risorgimento italiano es innegable —el proceso político y social que llevó a la unificación de los estados italianos en el siglo XIX, y que hoy día se puede extender, por ejemplo, a Venezuela, liberada recientemente por el presidente Trump del dominio de su principal opresor—. Aunque la acción fue incompleta al dejar intacta la situación política.

Verdi, compositor de la ópera, que vivía en un país dividido, convirtió su música en un vehículo de identidad nacional. Quien escuche el coro —yo lo hago con frecuencia— reconocerá un deseo compartido de libertad, dignidad y autodeterminación. Un pueblo que, a través del sufrimiento y la esperanza, percibía una nación unida.

La obra se centra en la experiencia humana de la opresión, la memoria y la esperanza de un mañana libre. Este tono conmovió a las gentes agolpadas en las calles de las ciudades italianas, que estaban pensando en unificar regiones, en crear un parlamento y en celebrar una identidad común. La ópera se volvió un himno no escrito, pero escuchado, que acompañaba las conversaciones sobre la independencia.

Coros y arias que permiten a los personajes confesar sus miedos, pasiones y esperanzas. Esa mezcla musical es la que dio a Verdi la plataforma para hablar sin tapujos de libertad, justicia y dignidad humana. Por eso, cuando el público italiano de la primera mitad del siglo XIX oyó por primera vez el “Va, pensiero”, entendió que la música podía servir como motor de unificación, uniendo a millones en torno a una idea común: la patria y la libertad.

Hoy, respecto de ciertos países latinoamericanos aherrojados, Nabucco es más que una ópera: es un espejo de ellos, que sueñan con su libertad y comparten con los demás países del mundo su anhelo por la prosperidad común, participando de un proceso histórico en el que el arte —la música, incluida la popular, el drama, la emoción— se convierte en una fuerza de cohesión social. En resumen, la obra de Verdi es un faro que brilla, con ritmo y emoción, antes por el Risorgimento italiano y hebreo y ahora de todos los países avasallados; que encuentran en la música una aliada para convertir deseos en hechos.

Lo que acaba de ocurrir en Venezuela lo podemos considerar como un reflejo de aquellos hechos lejanos, cuyo pueblo ha sufrido lo indecible, el de adentro y el exiliado forzadamente.

Los mamertos acusan a Trump de intervencionista como si no hubiera sobreabundantes pruebas de los delitos de narcotráfico auspiciados por el capturado Maduro, haciendo imposible el ejercicio normal de los procesos democráticos, al punto del desconocimiento de los resultados electorales de la última elección presidencial, que resultaron favorables a la oposición política, burlada por el régimen oprobioso.

Por: Rodrigo López Barros

rodrigolopezbarros@hotmail.com

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