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De fotomultas y muerte al río Cesar

Se dice que el voto es la única arma que tiene el ciudadano que vive en democracia para protestar contra sus mandatarios; es el verdadero poder y el servidor público lo sabe, pero quien definitivamente aún no la ha entendido es el votante…

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Se dice que el voto es la única arma que tiene el ciudadano que vive en democracia para protestar contra sus mandatarios; es el verdadero poder y el servidor público lo sabe, pero quien definitivamente aún no la ha entendido es el votante, que sigue cayendo cada cuatro años en la misma espiral: detesta al político desde el mismo día que se posesiona y los siguientes cuatro años lo desprecia con el alma, hasta que llegan nuevamente las campañas, donde empieza a amarlo, y así les va, como dicen los españoles.

Uno recorre la ciudad de norte a sur y de oriente a occidente y está llena (demasiado, diría yo) de publicidad de dos personajes cuyo nivel de cinismo batió todos los récords. Es decir, una vez más ponen a prueba el nivel de aguante y de tolerancia de los ciudadanos del departamento del Cesar y, particularmente, de la ciudad de Valledupar. Pero lo que es aún más desafiante por parte de los personajes en cuestión es que su publicidad está marcada con su rostro: se atreven a poner su cara, sin el más mínimo asomo de vergüenza o de autorreflexión, si se tiene en cuenta que sus decisiones han causado el más alto grado de rechazo; el uno cuando se le dio la oportunidad de conducir la ciudad y el otro para que cuidara el agua.

No me dejarán mentir, pero si usted sale a la calle hoy y le preguntan a los vallenatos cuáles han sido las peores decisiones adoptadas por mandatario alguno que más daño le haya causado, sin duda salen a la luz las fotomultas y el encarecimiento de las tarifas de energía eléctrica. Ambas decisiones tienen un responsable directo y, quizás, una de las mayores tasas de rechazo durante y después de su mandato.

Las concesiones de alumbrado público y de tránsito municipal llegaron para fracturar la sociedad vallenata a niveles nunca antes vistos. Se habla extraoficialmente de 160.000 multas impuestas solo en la ciudad a través del mecanismo de fotomulta y en retenes, llamados también “pescas milagrosas”, haciendo alusión a la macabra estrategia que usaban las guerrillas para secuestrar a sus víctimas; y, por el otro lado, la impotencia de un padre de familia de estrato uno o dos que debe destinar casi la mitad de su ingreso a pagar la factura de energía, que se le encareció más de un 30 % por el impuesto de alumbrado público.

El otro osado que se atreve a posar sonriente, y más que una sonrisa parece una invitación a desafiar al elector, es el actual dueño de la corporación autónoma del Cesar. Oyeron bien: ¡dueño! Sin el más mínimo asomo de pudor y vergüenza, exponen su cara para que el 8 de marzo los electores los elijan como sus representantes en el Congreso de la República. Ya me imagino a los ex empleados y ex contratistas de esa entidad felices viendo las vallas y deseosos de que llegue el día de las elecciones para darle el voto a su verdugo, pero mayor felicidad deben sentir los habitantes de los seis municipios por donde pasa la cloaca en la que convirtieron lo que en su momento se llamó río Cesar, especialmente pescadores y ribereños que hace cuatro o cinco décadas subsistían del río; vayan y pregúntenles cómo están de felices y con qué alegría irán a las urnas a votar por él.

Se necesita tener agallas, hay que haber perdido cualquier asomo de vergüenza para atreverse a exponer sus rostros en toda la ciudad, insisto: o es eso, o es otra forma de decirnos: “Aquí estamos, miren mi cara, soy el causante de todos tus males y me importa un carajo lo que tú pienses, voy a ser electo”. Algo así me imagino que pasa por sus cabezas y créanme que yo hasta aceptaría que sea la primera opción, porque la segunda de verdad es un insulto.

Ojalá esos electores que han tenido que endeudarse para pagar una fotomulta o sacar sus vehículos de los patios, o los que han tenido que pagarlas porque se las hicieron de manera irregular, se acuerden del personaje que les sonríe de manera desafiante pidiéndoles su voto. Ojalá.

Por: Eloy Gutiérrez Anaya

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