Mientras cumplía el período de servicio social obligatorio (medicatura rural) y trabajaba en el Hospital Rosario Pumarejo de López (HRPL) como médico de urgencias. A mis pacientes particulares los atendía en el consultorio del doctor Jaime Guerra Márquez, quien me lo ofreció voluntariamente sin ningún costo.
Cuando ingresé a trabajar en el Instituto Colombiano de Seguros Sociales (ICSS) con jornada laboral de tiempo completo (8 horas diarias), el salario mensual era superior al del HRPL. Además, pagaba los recargos de los turnos nocturnos, de los días festivos y dominicales, y con mejores prestaciones laborales. Es decir, el sueldo del ICSS cuadruplicaba el del HRPL, que entonces no pagaba sobresueldos por trabajar de noche, tampoco de los días festivos y dominicales.
En sociedad con los colegas Duvert Gutiérrez Durán y William Restrepo Sierra, organizamos un consultorio privado, ubicado en sector céntrico de Valledupar, en el cual, nuestros horarios de atención dependían de las agendas que cumplíamos en las instituciones donde laborábamos por salarios.
El 9 de julio de 1979 contraje nupcias con Marta Elena Orozco Bernier. A mi esposa no la regocijaba mi vínculo laboral non sancto con los comandantes del Distrito Militar de Valledupar. Y a mí, una de las labores que desempeñaba en el ICSS que era atender partos vaginales −principalmente de embarazadas primíparas− me generaba mucha angustia, lo que alteraba mi habitual disposición en la atención de los otros pacientes. Francamente, estas dos actividades que me amargaban la vida me estimularon a buscar cupo para especializarme en cirugía general.
Las ciudades predilectas para especializarme eran Cali, Medellín y Bogotá, además en ellas tenía amigos que podían influir para ayudarme a que me admitieran en la Universidad del Valle, Universidad de Antioquia y en el Hospital Militar de Bogotá.
Al hospital antedicho acudí con mi amigo Libardo Osorio, teniente coronel del Ejército colombiano, quien me había efectuado favores inverosímiles −recuerdo que en una fiesta en el Batallón Rondón, el famoso general Juan Salcedo Lora me consultó qué tipo de negocio tenía yo con el coronel Libardo Osorio, le respondí que se lo preguntara al susodicho coronel que me felicitó por mi acertada respuesta al general−. Libardo era el subcomandante del Batallón Rondón de La Guajira, además familiar del general Miguel Vega Uribe, quien fue ministro de Defensa de Colombia; nos dijo que me podía ayudar en la próxima convocatoria para elegir nuevos médicos residentes que ingresarían al Hospital Militar, porque ya había ofrecido su ayuda a otros aspirantes.
En la Universidad de Antioquia recurrí al hematólogo Alberto Restrepo, a quien ayudé a que obtuviera sangre de indígenas de Nabusimake para estudio multilateral de hemoglobinopatías. Conmigo fue a pedirle el favor al director del departamento de cirugía general que me ayudara ingresar en la selección de los próximos médicos residentes: “Doctor Restrepo y doctor Romero, qué pena decirles que el departamento de cirugía general de la Universidad de Antioquia se comprometió en no aceptar médicos provenientes de Valledupar porque tuvimos uno, cuyo comportamiento fue un fiasco”. Fue la respuesta de dicho director.
En la Universidad del Valle, mi profesor Armando Vernaza Guzmán, quien era el director del departamento de Cirugía General del Hospital universitario del Valle Evaristo García, me dijo que si aprobaba el examen de admisión me ayudaba a entrar a especializarme. Afortunadamente quedé entre los elegibles, y mi profesor les recomendó a sus colegas que en las entrevistas me calificaran con alta nota, y lo acataron; sin embargo, el gobernador del Valle del Cauca exigió el padrinazgo del gobernador del Cesar, que lo conseguí a través de Benjamín Costa, uno de los secretarios del gabinete de Pepe Castro, entonces el gobernador del departamento del Cesar. Así por fin pude ingresar a especializarme en cirugía general en la Universidad del Valle de la ciudad de Cali.
Por: José Romero Churio
