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La Leyenda sigue cantando y convoca al país

Israel Romero —el ‘Pollo’ Isra— elevó el acordeón a niveles de refinamiento técnico admirables, sin desprenderlo jamás de la raíz juglaresca que le dio origen.

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La edición número 59 del Festival de la Leyenda Vallenata no representa únicamente una nueva cita con la tradición musical más emblemática del Caribe colombiano. Constituye, sobre todo, la ratificación de que el vallenato auténtico continúa latiendo en el alma de un pueblo que convirtió su historia, sus nostalgias y sus alegrías en canciones inmortales. Este año, el homenaje al Binomio de Oro de Israel Romero y Rafael Orozco le concede a la celebración una dimensión mayor, porque hablar de ellos es hablar de excelencia, sensibilidad artística y proyección internacional.

Israel Romero —el ‘Pollo’ Isra— elevó el acordeón a niveles de refinamiento técnico admirables, sin desprenderlo jamás de la raíz juglaresca que le dio origen. Rafael Orozco, con una voz de timbre inconfundible y hondura emocional, convirtió cada interpretación en patrimonio sentimental de millones. Juntos lograron una alquimia extraordinaria: modernizar el género sin traicionar su esencia. No grabaron solamente éxitos; sembraron memoria afectiva en varias generaciones de Colombia y América Latina.

Sin embargo, esta versión del Festival también invita a recordar a la mujer que comprendió, antes que muchos, el destino universal de esta música: Consuelo Araujonoguera, la eterna ‘Cacica’ Vallenata. Su visión histórica consistió en entender que el vallenato no era una expresión local pasajera, sino un tesoro cultural con vocación de permanencia. Ella organizó la tradición sin restarle espontaneidad y proyectó el folclor sin despojarlo de autenticidad.

Consuelo supo ver en los juglares, compositores e intérpretes a una región narrándose a sí misma. Por eso impulsó un Festival que no solo corona reyes vallenatos, sino que protege la oralidad, exalta la identidad y fortalece el orgullo colectivo. Su mayor legado fue demostrar que el vallenato podía presentarse ante el mundo como arte mayor.

Hoy, cuando las modas transitan con rapidez vertiginosa, la música vallenata permanece. Permanece porque canta lo esencial: el amor, la ausencia, la amistad, el paisaje, la nostalgia y la esperanza. Es una música nacida de la cotidianidad e inmortalizada por el sentimiento. Obvio, hay que precaver que no se descarrile.

Pero el Festival también debe consolidarse como eje estratégico del turismo cultural de Colombia. Esa tarea no puede recaer únicamente en la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata, operadora cultural del evento. Debe asumirse como propósito común entre la institucionalidad pública y el sector privado. Allí resultan determinantes el liderazgo de la Gobernación del Cesar, con la gobernadora Elvia Milena Sanjuán a la cabeza, y la Alcaldía de Valledupar bajo la orientación del alcalde Ernesto Orozco, llamados a posicionar esta fiesta como motor económico y vitrina internacional.

El Cesar posee paisajes, gastronomía, tradición y hospitalidad incomparables; Valledupar, además, tiene el privilegio de ser la capital mundial del acordeón. Convertir esa riqueza en destino turístico permanente es honrar la herencia recibida y asegurar prosperidad futura.

Que toda Colombia venga a Valledupar del 29 de abril al 1 de mayo de 2026: donde suena un acordeón, hay patria de alegría. ¡Ay, hombe! ¡Juepajé!

Por: Hugo Mendoza Guerra

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