El vallenato como género musical ha sido la construcción durante 50 años, por lo menos, de muchas personas talentosas que se dedicaron a describir la prosa, el amor, la amistad y las costumbres en pentagramas hasta lograr ese constructo llamado “música vallenata”, Patrimonio Cultural e Inmaterial de la Humanidad. Ha sido un proceso de agregados donde han participado varias generaciones, desde los albores del siglo XX.
No es fácil medir la contribución de cada una de las personas, pero si tuviéramos que escoger entre sus precursores y promotores habría que comenzar con Tomás Enrique Pumarejo, más, fue Rafael Escalona quien le dio categoría de género seguido por varias cohortes de patillaleros quizás con sangre andaluza. Las genialidades no surgen todos los días y menos en el arte. Parece que la naturaleza riega sus virtudes por escasos minutos en ciertos territorios y en lugares indeterminados; ni Da Vinci, ni Gardel, ni Pedro Infante nacen todos los días ni en todas partes: Italia tuvo su Renacimiento y Argentina su boom con la balada en la década de los sesenta; hoy este fenómeno lo vivimos y gozamos en Valledupar y gran parte del mundo: surgió en Patillal donde nacieron Escalona, Freddy Molina, Beto Daza y muchos más responsables de este patrimonio musical.
Parece que a La Malena llegaban las musas vestidas de mariposas con sus canastos de melodías e historias que se repartían desde Patillal hasta el universo. Y, así como José A. Morales y Jorge Villamil hicieron del pasillo la música nacional, Escalona y su escuela hicieron del “vallenato” un Patrimonio Cultural e Inmaterial de la Humanidad. Hoy podemos decir que Valledupar es la verdadera capital musical de Colombia.
Surgen algunas preguntas: ¿por qué los vallenatos de la Colonia no se inclinaron por el vals u otros géneros que trajeron conquistadores y colonizadores españoles? ¿Cómo surgieron los conceptos de paseo y merengue? ¿Cuál música se escuchaba durante la Colonia? ¿Por qué tardó tanto la difusión de la música en acordeón si este instrumento llegó a Colombia en 1860? ¿Por qué la puya y el son tardaron más en aparecer? ¿Quiénes insinuaron estos ritmos? ¿Los trajeron de Cuba? Mucho se ha dicho que esta es una música triétnica, pero ¿por qué la guacharaca (tayrona) y la caja (africana) tardaron más en incorporarse a lo que es hoy el género vallenato si para esas calendas ya nuestro mestizaje había terminado? Si bien la guitarra vino junto con la conquista, ¿por qué las primeras agrupaciones en guitarra tardaron tanto en figurar? ¿Por qué el acordeón tardó tanto en popularizarse sabiendo que llegó a la región a finales del siglo XIX? Las primeras grabaciones con acordeón se hicieron en la década del 40, ¿por qué aún en los 50 la música vallenata era casi inexistente? Más, ahora que es la preferida, parece que ya tocó techo, su continuidad como auténtico merece un análisis.
Creo que llegó el momento de crear unas especies de centros de pensamiento musical porque los fines del folclor cada vez son más diferentes a los comerciales. Ya el vallenato empezó su periodo de involución y solo los clásicos de sus inicios se conservarían. A este género lo mantiene con vida el Festival de la Leyenda Vallenata que ha creado un semillero que lo interpreta durante los días de competencia después de los cuales viene el arribo comercial, el otro festín, el de la sociedad de consumo, esa que con mucha fuerza le está quitando los patrones originales al género a través de las llamadas fusiones.
Ya el acordeón se ha vuelto multigénero, lo vemos en casi todas las organizaciones musicales interpretando diferentes géneros: nos dicen los expertos en el tema que el vallenato está en evolución, tesis que muchos autores defienden sin suficiente argumentación, tal vez por el temor de perder competitividad comercial. Viva el vallenato, muera el vallenato.
Por: Luis Napoleón de Armas P.
