“Yo había resuelto no hacer más cantos porque Sabita me demandó, pero sucede que ocurren cosas como las que a Juana le sucedió”. Sí, como Escalona, estaba casi decidido a retirarme y no escribir más esta columna que llevo más de 25 años escribiendo semanalmente, casi que sin interrupciones, y así estaba dispuesto a comunicárselo al doctor Juan Carlos Quintero, pero están pasando tantas vainas en esta ciudad que me duelen y no está en mí, no puedo ser indiferente, como lo son las autoridades respectivas, ante tanto desgreño y abandono administrativo, de tantos males denunciados en El Pilón, tanto en mis columnas como en notas editoriales, y no pasa nada, pues parece que es consigna de los funcionarios municipales, incluyendo los concejales, no leer El Pilón para informarse de los males que aquejan a la ciudad y no tener preocupaciones que los desvelen. Eso sí, ahí sí son puntuales, reciben su sueldo con dineros que pagamos en impuestos y por ello tenemos el derecho a reclamar.
Hace unos meses, en esta columna denuncié el estado deplorable, asqueroso y peligroso en que se encuentra el antiguo edificio donde funcionó el FER, en la avenida Pastrana, totalmente abandonado y convertido en un basurero nauseabundo y en una guarida de drogadictos o chirretes, como los llama el concejal Arzuaga, y de toda clase de malandros; esa idea fue acogida por nuestro director y dueño, quien editorializó al respecto; lo mismo hizo la radio y la televisión y, ¿saben cuál es el resultado? Ninguno, eso está peor, hoy pasé por ahí y me quedé horrorizado de que no le hayan puesto la mano. ¿Qué dicen al respecto la Contraloría, la Personería, el Concejo, la Procuraduría y, de pronto, la Fiscalía?
Hace también varios meses este periódico publicó unas fotos que le tomé a un palo de papaya que nació en un hueco pestilente, abierto quizás por quién o tal vez por Emdupar, situado en la carrera 5.ª con calle 16A. Ya dio la primera cosecha y va para la segunda sin que ninguna autoridad se mosquee por su reparación, a pesar de las quejas de los vecinos, que ya no soportan el zancudero y los fétidos olores que de allí emanan.





