Es un conocido refrán popular, que se usa para señalar que a veces las apariencias engañan, y que nos sirve para titular la columna de hoy, en la que abordaremos el tema de la explotación del carbón, y lo que ha representado para nuestro departamento.
Comenzaremos manifestando que se pensó que con las exportaciones de este mineral —de hecho, nos encontramos en el top cinco de los países exportadores de carbón a nivel mundial— podríamos alcanzar un desarrollo territorial sostenido; hoy la realidad nos muestra justo lo contrario, pues las grandes divisas que produce la exportación de este mineral, principalmente a Asia y Europa, se dilapidan en corrupción. Los beneficios solo han llegado a unos cuantos y no se ven reflejados en el indicador de necesidades básicas insatisfechas. La Jagua de Ibirico, por ejemplo, debería ser uno de los municipios con mayor desarrollo urbanístico del Cesar; hoy es ejemplo de atraso, pobreza y corrupción.
Se preguntarán ustedes, ¿por qué en La Jagua de Ibirico, Gustavo Petro obtuvo una votación del 70 % en su aspiración a la Presidencia? Fácil. El discurso de G. P. propende por la “descarbonización” de la economía, y aboga por la transición energética hacia las energías limpias. La Jagua, es consciente de que el carbón ha servido para tres cosas: para nada, para nada y para nada. O mejor: para contaminar, para corromper y para empobrecer al pueblo.
Hacer uso de las energías limpias, es el camino a seguir; nosotros somos potencia en energía solar, que además de no contaminar es gratis, nos la regala la naturaleza, entonces ¿por qué no aprovecharla? La minería, para muchas poblaciones, ha representado, una maldición más que no una bendición, y en Colombia tenemos departamentos como La Guajira y el Chocó, donde se han extraído recursos naturales tales como carbón, sal, gas, oro y platino, y cuyas regalías solo han servido para saciar la codicia de unos pocos.
Pero si usted considera que eso solo sucede en Colombia, podríamos mencionar el ejemplo de la República Democrática del Congo (África), un país rico en cobalto, diamantes, coltán, cobre y oro, sin embargo, por causa de los conflictos armados, corrupción, malos manejos de la renta minera, esta riqueza solo ha beneficiado a la élite ¡Cualquier parecido con nuestra realidad, no es simple coincidencia!
La frase de cierre: “Las reformas amenazan los intereses de los terratenientes, la aristocracia y los empresarios. El argumento es que, si al país le va bien, ¿qué necesidad hay de cambio?” Autora: Isabel Allende. Obra: “Mi nombre es Emilia del Valle”. Página 92.
Por: Darío Arregocés Baute / darioarregoces2308@hotmail.com
