Es un conocido refrán popular, que se usa para señalar que a veces las apariencias engañan, y que nos sirve para titular la columna de hoy, en la que abordaremos el tema de la explotación del carbón, y lo que ha representado para nuestro departamento.
Comenzaremos manifestando que se pensó que con las exportaciones de este mineral —de hecho, nos encontramos en el top cinco de los países exportadores de carbón a nivel mundial— podríamos alcanzar un desarrollo territorial sostenido; hoy la realidad nos muestra justo lo contrario, pues las grandes divisas que produce la exportación de este mineral, principalmente a Asia y Europa, se dilapidan en corrupción. Los beneficios solo han llegado a unos cuantos y no se ven reflejados en el indicador de necesidades básicas insatisfechas. La Jagua de Ibirico, por ejemplo, debería ser uno de los municipios con mayor desarrollo urbanístico del Cesar; hoy es ejemplo de atraso, pobreza y corrupción.
Se preguntarán ustedes, ¿por qué en La Jagua de Ibirico, Gustavo Petro obtuvo una votación del 70 % en su aspiración a la Presidencia? Fácil. El discurso de G. P. propende por la “descarbonización” de la economía, y aboga por la transición energética hacia las energías limpias. La Jagua, es consciente de que el carbón ha servido para tres cosas: para nada, para nada y para nada. O mejor: para contaminar, para corromper y para empobrecer al pueblo.





