Todos los días los diferentes medios de comunicación y las tales redes sociales nos bombardean de informaciones -y de desinformaciones – hasta el punto de provocar no solo pánico sino saturación, confusión que cómo en mi caso me ha llevado a revisar ocasionalmente las estadísticas, porque lo demás ya está dicho. Hay momentos en que no se sabe si lo que leen son los datos de la Registraduría en las elecciones, las medidas de la señorita Santander o qué cosa. La repetición de la repetidera y los estribillos quédate en casa, lávate las manos, usa tapabocas, lo que hubiera podido evitarse canalizando en forma exclusiva por el Gobierno nacional las instrucciones generales , pero los picos y placas, placas y géneros , géneros y transgéneros , los de aquí y allá, y muchos que no saben en dónde están parados y una sociedad sorda e irreverente y “pendeja”, cómo dice el alcalde cartagenero que no sabe el nombre de los por él señalados cómo corruptos y luego da una lista y dice: ¿serán estos? Sabe mucho.
La avalancha ha tapado unas pocas verdades que son con las que tendremos que lidiar. Por ejemplo un científico, de los cientos que en estos días han aparecido, no sé de donde, nos manda a decir que todos nos vamos a enfermar, noticia mala pero recordemos que el 80 % ni cuenta se dará, noticia buena. Sabrá uno qué clase de ruleta rusa es este asunto. Pero hay un 20 % que se mueve entre lo leve y lo gravísimo, de muerte que por poco que sea porcentualmente se traduce en cientos, miles de camas y respiradores o ventiladores que son los que no existen.
El mensaje más claro que deja lo que nos está sucediendo es que todavía no tenemos derecho a enfermarnos porque no han llegado las camas y los ventiladores, que ya están llegando y que para finales de junio nos esperan con los brazos abiertos.






