Cuando un bebé nace, los padres admiran y detallan cada uno de los rasgos físicos que la criatura ha heredado de la familia paterna y materna; los ojos de la abuela, la cabeza grande del papá, el dedo chiquito del pie del tío. Se ocupan de tener el cuarto bien amoblado, con ropa, juguetes y accesorios para su cuidado y bienestar. Algunos padres ya han elegido hasta el colegio, la universidad y la profesión a la que se dedicará ese bebé que aún no sabe ni hablar, pero lo que muchos ignoran es que ya tiene desarrollado un sistema nervioso que actuará frente a las circunstancias adversas, con base en la información que sus padres le han suministrado y le sigan proporcionando durante sus primeros años de vida.
Frente a una situación amenazante o que genera estrés, existen diversas formas de respuesta del sistema nervioso: huir, esperar, colapsar, luchar o adaptarse. Es por ello muy importante conocernos, toda vez que un sistema nervioso alterado nos lleva a confundir un gatito con un tigre o ver una tormenta en lugar de un hermoso rocío.





