Hay noticias que golpean distinto, noticias que no solo entristecen: estremecen.
El reciente fallecimiento de una niña de apenas 11 años en Valledupar, presuntamente por causas emocionales, no debería dejarnos indiferentes. Porque más allá de las investigaciones, de los detalles y de todo lo que aún pueda esclarecerse, hay una pregunta que, como sociedad, necesitamos hacernos con urgencia: ¿estamos escuchando emocionalmente a nuestros niños?
Vivimos en una cultura en la que, muchas veces, seguimos creyendo que la infancia es sinónimo de felicidad. Pensamos que, por ser pequeños, “no entienden”, “no sienten tanto” o “se les pasa rápido”, pero no.





