El festival debería arrancar en febrero, así como lo leen, iniciando las eliminatorias todos los fines de semana en todos y cada uno de los escenarios que tiene la ciudad. Esto implica tener en cada uno un conjunto de planta con toda la logística requerida para estas eliminatorias. Todos y cada uno de los jurados, animadores, el conjunto de planta, la logística y la demás organización son pagos. Ahorita les cuento de dónde saldría el dinero para ello. ¿Se imaginan la movilidad que esto generaría en la ciudad? No solo se les daría inclusión a todos los músicos, compositores, intérpretes y ejecutores cuya barrera es económica, porque no es nada barato participar en la contienda central.
Las actividades culturales como exposiciones, festivales gastronómicos, rutas turísticas, homenajes póstumos y todo lo que la agenda cultural (que hay que construir) requiera, se harían durante todo el mes de abril previo a las actividades tradicionales de lo que hoy es el Festival Vallenato, donde se intenta hacer todo en cuatro días. No estoy diciendo que esté mal, todo lo contrario, es extraordinario; lo que planteo es volverlo un megaevento con todas las de la ley donde se le dé inclusión a todos los juglares olvidados, ejecutores de los instrumentos típicos y excelentes compositores anónimos que se apagan precisamente en ese anonimato porque nadie los visibiliza y nadie los ve, a menos que en un golpe de suerte alguien los suba a redes sociales y se viralicen, pero estos son accidentes o golpes de suerte que no todos tienen.
Ya sé que todos se están preguntando: ¿y de dónde va a salir el dinero para semejante despliegue? Pues como siempre, el dinero lo hay, solo que se está yendo a otro lado por falta de priorización o proyectos reales y estructurados, y aquí viene la segunda etapa del planteamiento. A través de las universidades que tienen en su pénsum formación cultural o especialidades relacionadas con el tema, se debe abrir una convocatoria meritoria para la estructuración de proyectos que recojan todas las necesidades culturales de la música de acordeón, que contenga la caracterización de todos los juglares vivos y con plenas facultades para incluirlos en este plan. Todos estos aspectos se harán con las universidades y bajo la coordinación de una entidad cultural plural que no dependa exclusivamente de las administraciones para evitar la politización y el tráfico de influencias que terminan contaminando todo, por supuesto, sin excluirlos, pero sin el control absoluto.
Detrás de todo este megaproyecto debe haber el acompañamiento de una suprainstitución rectora multidisciplinaria que obligatoriamente debe contar con la participación de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata que sirva de paraguas tanto en lo organizacional, la financiación y el control de todo lo que se plantea en este plan; esta institución garantizará que el evento central, que seguirá siendo operado por la fundación, siga siendo exitoso. Los aspectos previos para la expedición de permisos, la base única de proveedores, los estudios socioeconómicos, la factibilidad y los aspectos técnicos y financieros los debe realizar un consorcio donde entidades como Fenalco, Cesore, Cámara de Comercio, Valledupar Cómo Vamos, Acodres, Asobares, Cotelco, y todas las que en menor o mayor incidencia tengan algo que ver con los temas de fomento y experiencia técnica, sirvan de soporte a la corporación y la elaboración de los indicadores que sirven de insumo para los siguientes eventos, todo esto soportado por un Sistema Único de Información para Eventos (SUIE).
La financiación del plan estará a cargo del Ministerio de Cultura; se debe crear un impuesto único local a las empresas que expenden boletería, a las distribuidoras de licores, aportes de las entidades territoriales (departamento y municipio) con cargo a sus presupuestos y una estampilla procorporación Festival Vallenato que, previo conocimiento de los presupuestos que entreguen los comités adscritos a la corporación, harán del evento cultural un gran preámbulo a la fiesta central y a todos los aspectos comerciales que rodean el megaevento.
No es una tarea fácil porque lamentablemente la ciudad cabalga sobre la improvisación, la no planificación y mucha mediocridad que no permiten ver más allá de nuestras narices. El festival es mucho más grande de lo que pensamos y creemos. ¡Soñemos juntos!
Por: Eloy Gutiérrez Anaya
