COLUMNA

La Ley del Embudo

Los orígenes y cultores de la música vallenata, como todas las manifestaciones folclóricas musicales de América, vienen del campo. A pesar de esto, nuestros compositores no se han dedicado a cantarle a sus penurias económicas, en cambio sí a sus experiencias de todo tipo, las que han engalanado la música vallenata, y que hoy hacen parte de nuestro patrimonio inmaterial.

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Por Celso Guerra Gutierréz 

Los orígenes  y cultores  de la música vallenata, como todas las manifestaciones folclóricas musicales de América, vienen del campo. A pesar de esto, nuestros compositores  no se han dedicado a cantarle a sus penurias económicas, en cambio sí a sus experiencias de todo tipo, las que  han engalanado la música vallenata, y que hoy hacen parte de nuestro patrimonio inmaterial.

Claro, todas las reglas tienen sus excepciones. De los pocos compositores contestatarios que hemos tenido en nuestro medio, fue el extinto Hernando Marín, privada o públicamente, como lo registra la historia fonográfica del vallenato, quien siempre dejo oír su voz protesta, a través de sus canciones. 

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