Luego del candente proceso electoral pasado, acompañados de los posteriores reproches a las jactanciosas puestas en escena del actual gobierno nacional, incluido el ruido por el ajusticiamiento del ciudadano guajiro alias “Bendito menor”, podrían confundir el circunstancial silencio de los últimos meses con votos de conformidad frente a los atropellos, exclusiones y falta de garantías de la actividad política de la región.
Situación totalmente alejada de la realidad. Los problemas regionales siguen estando ahí y aunque nos hayamos anestesiado con el show del ‘Papucho’ De la Espriella, llega el momento en que debemos seguir alzando la voz contra nuestra desalentadora realidad, si realmente queremos salvaguardar nuestra participación, al momento en que la historia comience a pasar factura como cómplices de la debacle social e institucional del Departamento del Cesar.
Se viene una etapa muy difícil para las huestes progresistas, incluso con riesgos para la integridad física de sus militantes. Al punto que hasta se vulneran lazos de amistad ante un simple mensaje en redes sociales, cuando tan fácil sería que, si no están de acuerdo, de la misma manera opinen sin agredir al contradictor político. La Paz se basa en el respeto por las diferencias y no en los casquillos de los mortales proyectiles.





