COLUMNA

Enemistad por política

La polarización política en Colombia está convirtiendo las diferencias ideológicas en enemistades personales y familiares, alimentadas por discursos de odio y confrontación que amenazan la convivencia democrática.

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El candidato que se autodenomina “El Tigre” ha sido enfático y recurrente con afirmaciones como: “El único enemigo es Iván Cepeda” y “Voy a destripar a la izquierda radical”. En varios de los discursos en plaza pública, incluyendo el de Valledupar, se le escucha la expresión “A los delincuentes se les dará de baja”.

Lo preocupante es que a la mayoría de sus seguidores les enamora y les enardece ese tipo de discurso de odio, de retaliación y de enemistad, lo cual nos indica el grado de hostilidad, resentimiento y belicosidad al que ha llegado la mente del colombiano.

¿Será que regresaremos a las épocas en que dar de baja se convierta en política pública, en un país en el que está proscrita constitucionalmente la pena de muerte?

Si entre los candidatos a la primera magistratura del país se tienen como enemigos y no como contradictores ideológicos y políticos, ellos que deberían ser el buen ejemplo para sus compatriotas, ¿qué queda entonces para la mayoría del pueblo carente de formación y educación?

En esta época de las comunidades virtuales, he sido testigo de excepción de batallas campales y enfrentamientos personales en redes, que inician basados en la afinidad política contraria entre amigos o compañeros y que terminan ofendiéndose a tal punto de convertirse en enemigos irreconciliables.

¿En cuántos hogares de Colombia la familia hoy se encuentra dividida porque los hijos son de ultraizquierda y los padres de ultraderecha? O al contrario, ¿cuántas parejas casi no se hablan por estos días, para evitar confrontaciones en razón a la decisión de votar por uno u otro candidato?

En la medida que se acerca el día de la elección, lo más probable es que aquellos candidatos que se dieron cuenta de que su discurso sensacionalista les fue efectivo y les ha dado buenos réditos, arreciarán la virulencia y es muy probable que lo mismo ocurra entre amigos, compañeros de trabajo, familiares y demás.

El problema grave es que los candidatos, entre ellos, saben muy bien que las tácticas y estrategias empleadas para convencer al electorado y ganar una elección son válidas, siempre y cuando se aplique la política de “todo vale” o aquella muy cacareada: “el fin justifica los medios”.

Ahora, ¿Qué va a pasar después del 21 de junio, si es que hay segunda vuelta, entre aquellos amigos o compañeros que se insultaron y se ofendieron hasta la saciedad? ¿Qué va a pasar en aquellos hogares en los que económicamente unos dependen de otros y llegaron al punto de agredirse y hasta amenazarse entre sí?

A los políticos profesionales les conviene que los problemas y las dificultades del país se agudicen para ellos sacar provecho, y en las coyunturas populistas de izquierda un outsider histriónico de ultraderecha es tal vez el más beneficiado.

Lo preocupante es que mientras muchos de ellos luego se abrazarán en los clubes sociales y en los salones del Capitolio, nosotros nos veremos las caras, apenados entre sí, por los momentos eufóricos que nos hizo vivir la jornada electoral.

Ojalá que dentro de cuatro años no nos ocurra lo mismo.

COLOFÓN: El tiempo pasa volando, ya van dos años desde que se nos fue uno de los más prolíficos compositores y el más completo músico que ha parido el Caribe colombiano: Omar Antonio Geles Suárez. Quienes tuvimos el placer y el orgullo de haber sido sus amigos, sabemos que, además de la grandeza por sus obras musicales, lo que perdimos fue a una gran persona, a un ser humano de grandes cualidades y de un altruismo incomparable. Nos haces mucha falta, Omar.

Por: Jorge Nain Ruiz Ditta

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