Por: Imelda Daza Cotes
Desde hace varios días la OTAN y sus aliados vienen cantando victoria contra Gadafi. La euforia en los medios estadounidenses y europeos es delirante pero lo cierto es que a pesar del esfuerzo y la unanimidad la guerra parece prolongarse y el triunfo de las fuerzas invasoras es esquivo aún. La BBC, CNN, Al Yazira y otros más, avivan una tragedia que ocasiona la destrucción de un país y la muerte de miles de sus habitantes. Es difícil creer que los móviles de esta acción tengan que ver con la protección a unos rebeldes que se han plegado a las fuerzas invasoras de las que reciben armas y apoyo logístico
Todo comenzó con una ambigua Resolución adoptada por el Consejo de Seguridad de la ONU en marzo pasado que, para proteger a los civiles, autorizó – con la abstención de Rusia y China- un bloqueo aéreo en Libia y así impedirle al gobierno atacar a los rebeldes. La presión diplomática logró la complicidad de la Liga Árabe y el poderoso emirato de Quatar se convirtió en un gran impulsor de la intervención en Libia. La OTAN interpretó la decisión como una autorización para promover un cambio de régimen y es así como desde hace más de 5 meses esta organización junto con las fuerzas de EEUU, de Francia y Gran Bretaña han combinado los bombardeos aéreos con acciones de infantería para posicionar a los rebeldes y a los mercenarios; han contado además con todo el apoyo de la inteligencia satelital y de grupos y fuerzas especiales de EEUU. Así avanzaron y cayeron sobre Trípoli. Además de la rapiña contra el petróleo de Libia, esta invasión busca, por parte de las mismas fuerzas, manejar y controlar las variadas rebeliones de los pueblos árabes del norte de Africa
Sean cuales fueren los juicios acerca de lo que ocurría en Libia, lo indiscutible es que la acción de la OTAN contra este país pisotea los principios básicos de soberanía, no intervención, libre determinación de los pueblos y solución pacífica de las diferencias, que hacen parte de la Carta de las Naciones Unidas; lograrlos costó largos y cruentos años de lucha contra el fascismo y el colonialismo
En Libia, igual que en Servia, se está violando flagrantemente el derecho internacional y esto es muy preocupante. El mundo se ha ido al garete, cualquier pretexto bien promocionado a través de los medios, controlados por los poderosos, puede servir de fundamento para emprender cualquier invasión. La amenaza es real y el peligro es inminente para todos los países –especialmente para los poseedores de reservas de petróleo- que no se sometan al “orden mundial” imperante que no es otro que el desorden impuesto por quienes se relamen en Trípoli ante el reparto de esa gran torta que representan los 1,6 millones de barriles de petróleo que diariamente producía Libia antes de la guerra y que ellos –los invasores- aspiran a repartirse. Durante la guerra la producción se ha reducido, pero no se ha suspendido. Son muchas las petroleras europeas que firmaron contratos con Gadafi: la italiana Eni, la española Repsol, la francesa Total S.A., la noruega Statoil y la austriaca OMV. Ahora todas advierten que los contratos fueron con Libia no con Gadafi; los mercenarios responden que con ellos no es el problema pero que hay mucho por discutir con Rusia, Brasil y China, éste país ha asumido posiciones ambiguas aunque son grandes sus intereses en Libia donde tiene 50 proyectos petroleros y de infraestructura
Lo desconsolador es que la OTAN y sus aliados no van a conducir a Libia a ninguna democracia y la paz no se asoma aún. Los agresores no promueven la democracia en lugar alguno porque no les conviene; ellos prefieren países sometidos a sus dictámenes y a unas reglas interpretadas y acomodadas a sus afanes por superar la crisis económica que los tiene aturdidos y por hacerse al control de los recursos energéticos, del agua, del oro, de los alimentos y de muchos otros minerales estratégicos
En nombre de la democracia y de la civilización se ha estimulado una guerra para liberar a los libios de Gadafi. Ahora van a quedar a merced de un heterogéneo Consejo de Transición con escasos lazos de unidad y afectado por serias disputas internas entre tribus rivales, islamistas radicales, nacionalistas, socialistas, excompañeros de Gadafi y líderes militares. El futuro amenaza con otro conflicto empantanado tal como en Irak o Afganistán. Nada bueno le espera a Libia convertida en un protectorado de Europa y Norteamérica





