Durante el caótico paso de Ciro Pupo como alcalde de Valledupar se inició una obra para fortalecer el turismo religioso de la ciudad soportado en la creencia del Santo Ecce Homo, la cual consistía en la construcción de una estatua de 35 metros en el cerro Las Antenas, al norte del municipio.
La obra empezó en el año 2007 y pronto se fue retrasando hasta que la construcción quedó paralizada. Pasaron casi 16 años para terminarla, desafío asumido por la Gobernación del Cesar, y en abril del 2025 la figura se inauguró con los discursos de rutina, políticos desfilando con sus guayaberas, brindis y aplausos acostumbrados.
Pero ahora que el sitio lleva casi un año a disposición del público, el reto consiste en aprovecharlo y administrarlo de tal manera que sea rentable para promover el turismo y atraer visitantes, pero las opciones para Ernesto Orozco no eran muchas, al parecer; el alcalde actual pagó el favor a la Gobernación del Cesar otorgándole la administración, explotación y aprovechamiento económico del Santo Ecce Homo por medio de un comodato que permite que la gobernación utilice el bien única y exclusivamente para el desarrollo de actividades de comercio y desarrollo económico por un tiempo de cinco años; es decir, que la Gobernación del Cesar hará negocio con el Santo Ecce Homo.
El comodato está vigente desde el año anterior, detallado en el contrato 2980-SGR de 2025, sin que se establezcan condiciones claras favorables al municipio. El contrato no indica los beneficios que recibe el municipio al concederle al departamento la posibilidad de lucrarse de la obra en mención; ahora bien, es curioso que en los documentos que justifican el comodato, la Alcaldía de Valledupar, por medio del secretario General Guido Castilla, manifieste que: “El bien inmueble denominado “Mirador a Santo Eccehomo”, de propiedad del Municipio de Valledupar, constituye un espacio de alto valor turístico, cultural, ambiental y paisajístico, que contribuye al fortalecimiento de la identidad territorial y al desarrollo económico a través del turismo sostenible y la promoción del patrimonio local”.
Pero si es un bien de “alto valor” no se entiende que prefieran entregárselo a la Gobernación y no sea el mismo municipio quien asuma el reto de operarlo o buscar en Valledupar quien lo opere, porque si lo entregan a la Gobernación, para que esta, a su vez, designe el operador, están bailando el indio.
Y es precisamente acá donde está la trampa, porque el alcalde Ernesto Orozco contrata de manera directa con la Gobernación el comodato y así evitan abrir una convocatoria para seleccionar a quien pueda administrar con transparencia el mirador Ecce Homo, todo eso porque considera el señor Guido Castilla que “el Departamento del Cesar es una entidad con experiencia en la administración de bienes y obras destinadas a incentivar la actividad económica, social y cultural”, pero no señala un ejemplo de experiencia exitosa de administración del gobierno departamental.
¿O recordamos lo ocurrido con el CDT ganadero y pesquero, lo que está ocurriendo con el Centro Cultural de la Música Vallenata, la tragedia en que se convirtió para los campesinos del Toco el proyecto “AGRICEL” y las razones por las que la Universidad Nacional prefirió terminar su segunda fase de la sede La Paz y no dejar esos recursos en manos del gobierno de Luis Alberto Monsalvo?
El contrato suscrito entre la Alcaldía y la Gobernación no hace una proyección de datos, cifras y valores de lo que se espera de la administración del santo Ecce Homo por parte de la administración de Elvia Milena Sanjuán, lo que sí está claro es que el alcalde Ernesto Orozco prefiere negarle la posibilidad a empresarios de la ciudad de desarrollar su potencial para dejárselo a la Gobernación como premio por terminar la obra.
Por Carlos Andrés Añez
