“Y las gárgolas con el tiempo tomaron vida y se iban y volvían y dormían en los tejados, vigilantes, asomadas en la niebla que parecía eterna en aquel sitio”.
Pero ¿qué era aquella casa en realidad? ¿Un refugio? ¿Un hogar? ¿Un ser viviente? ¿Una extensión de las entrañas de la Tierra en el cielo aferrándose con raíces de familias, sean como sean, que se asoma a la superficie, impetuosa, reclamando un espacio? Quizás ni siquiera interese el material utilizado con el que se construye, pero en este caso, sí.
He querido iniciar, queridos lectores, con un aparte de un capítulo titulado “Una pequeña gran casa” que hace parte de una novela aún inédita. Con ello pretendo dar relevancia al poder de un hogar.
