La popularidad del presidente Petro y las inmensas posibilidades de reelegir su mandato a través de Iván Cepeda han puesto a cavilar a toda la estructura político-electoral de Colombia; muchas son las fórmulas propuestas para evitarlo, por eso son muchas las artimañas que la derecha y la izquierda disfrazada han diseñado para obstaculizar o alterar el debido proceso electoral.
La desesperación es total pese a tener todas las herramientas para propiciar un fraude. Son muchas las instituciones que le están haciendo el coro al registrador nacional para que este proceso les sea favorable; hasta el procurador se quitó la máscara, ya mostró de cuál lado está. Petro pudiera exclamar, homologando a César: “¿Tú también, hijo mío?”. Siempre las elecciones en Colombia han sido fraudulentas entre iguales, pero ahora que se juega entre contrarios, la intensidad de ese propósito es inmensa.
Ganar unas elecciones en forma fraudulenta es como cerrarle el cauce a un río; este volverá por lo suyo, tarde o temprano. Esto es lo que estamos viendo en Urrá y lo que veremos en Ituango algún día; no es necesario ser un apocalíptico. Los años de violencia que hemos padecido son el resultado de procesos electorales viciados; “el que escruta gana”, han dicho, pero el precio para la sociedad ha sido letal. Aquí existen dos métodos probados de ganar elecciones: una, asesinando previamente al contrario con más posibilidades de ganar el solio de Bolívar, infundiendo el miedo a la vez; esta práctica se inauguró con Sucre, siguió con Uribe Uribe, Gaitán, Pardo Leal, Jaramillo Ossa y Pizarro.
La otra, defenestrando del poder al presidente escamoteando la voluntad popular; el caso Rojas-Pastrana es patético. Sobre este caso, un campesino dijo: “Yo de política no entiendo na, voté por Belisario, ganó Rojas y subió Pastrana”. Eran épocas pretéritas, de total ausencia tecnológica. Pero qué paradoja: ahora tenemos toda la tecnología para garantizar unos resultados electorales, sin embargo, el robo electoral está presente; ahora es más fácil, se hace con algoritmos preparados para hurtar.
Es el colmo; pese a tener esta herramienta, los partidos de derecha, la Registraduría y el Consejo Nacional Electoral, CNE, han complementado su estrategia cerrándole el camino a Iván Cepeda para impedir que se mida con otros aspirantes aparentemente progresistas en un sano propósito unitario. “El que divide triunfa”, dice el aforismo. Se ha dicho, los afines al gobierno que un día antes de la decisión del CNE, Roy Barreras estuvo reunido con los miembros de esa institución; no tengo nada contra Roy, pero sobre él hay muchas dudas por su capacidad de mimetizarse, propiedad atávica que algunos animales tienen para confundir al adversario y atraparlo; es un escondite cada vez. También hay personas miméticas, la sínfisis pubiana podría indicarnos que en algún momento de nuestra evolución tuvimos rabo, por eso en el Congreso hay tantos gorilas. Les recuerdo que compartimos el 99 % de nuestro ADN con el chimpancé.
El dilema planteado es: votar o no en la consulta. Desde los grupos que representan el progresismo han pedido no hacerlo, incluso, así lo ha sugerido Petro. Pero, ¿qué tan malo puede ser? ¿No sería bueno votar por Quintero para peluquear a Roy? No hay que descartar que desde la derecha le pongan algunos votos para deslegitimizar a Cepeda a quien le temen. La estrategia es total e incluye muchas opciones. Ya Roy ha dicho: “Espero que el 08/03 por la noche lo llamen”; parece sentirse seguro de superar a Cepeda en votos. En la época de los algoritmos y de la IA todo es posible. Si bien las encuestas no lo favorecen, los milagros electorales existen.
Una vez más les pido a mis lectores, familiares y amigos que me colaboren votando por Lina de Armas, Frente Amplio por el Cesar, 104 Cámara, ella hace la diferencia. Somos progresistas integrales, su votación será cualificada, es una buena opción.
Por Luis Napoleón de Armas P.
