COLUMNA

La paz como derecho fundamental

La paz es un derecho fundamental y un deber constitucional de obligatorio cumplimiento, cuya defensa exige rechazar la violencia y proteger a quienes trabajan por los derechos humanos y la reconciliación

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La Carta Política de 1991, que derogó la de 1886, presenta como una de sus características, entre muchas otras, que sus normas tienen aplicación directa; es decir, no requieren, por regla general, desarrollo legislativo para su vigencia. Recordemos que las normas insertas en la Constitución de 1886 sí requerían de desarrollo legislativo por parte del Congreso para que pudieran ser aplicables, sobre todo tratándose de derechos fundamentales.

En ese orden de ideas, el artículo 22 de nuestra Constitución expresa: “La paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento”. La pregunta que nos podríamos formular sería: ¿la paz es un derecho fundamental?, ¿tiene este artículo el amparo de la acción constitucional (tutela)?, ¿qué tan importante es este artículo en materia de derechos humanos?

La respuesta es afirmativa, pues la paz es un bien jurídico, pero a la vez un derecho, y no cualquier derecho: es un derecho fundamental. Es un artículo clave en el desarrollo de los derechos humanos. Pero, además, la paz es un deber de obligatorio cumplimiento; esto significa que todos estamos obligados por mandato constitucional, y principalmente nuestras autoridades legítimamente constituidas, a defender la paz.

Pues bien, dicho esto, en Colombia se viene dando una tendencia malsana que pretende estigmatizar la paz. Se estigmatiza a los líderes y lideresas que propenden por la defensa de los derechos humanos en sus comunidades, desaparecen los líderes ambientales sin mayores explicaciones y se ataca a los organismos de justicia transicional, omitiendo el deber constitucional que como ciudadanos tenemos de acatar los fallos de nuestras autoridades.

El asumir un liderazgo dentro de nuestras comunidades es exponerse a agresiones, desaparición forzada o muerte, como si en la práctica la obligación fuese la de hacer la guerra.

Colombia no puede darse el lujo de seguir sacrificando su juventud en una guerra inútil, que lo único que ha traído es dolor, atraso y desolación. Hay que insistir en la búsqueda de la paz; con el plomo no vamos a ninguna parte. Es más, nuestra actual Constitución es fruto de un acuerdo de paz; las desmovilizaciones masivas se han logrado gracias a los acuerdos de paz y el Frente Nacional, con todo y sus defectos, fue fruto de un acuerdo de paz. Entonces, ¿por qué insistir en la guerra?

La frase de cierre: “La violencia es el miedo a los ideales del otro”. Gandhi.

Por: Darío Arregocés Baute / darioarregoces2308@hotmail.com

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