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El chavismo, la gran apuesta para gobernar de nuevo a Venezuela

La transición en Venezuela plantea una reconfiguración del tablero político, comenzando porque la oposición está dividida y la mayor fuerza electoral no está representada por María Corina Machado, sino por Henrique Capriles.

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La transición en Venezuela plantea una reconfiguración del tablero político, comenzando porque la oposición está dividida y la mayor fuerza electoral no está representada por la nobel de Paz, María Corina Machado, sino por el excandidato presidencial, Henrique Capriles, dos fuerzas antagónicas que, de no unirse, volvería el chavismo al poder en la versión Delcy Rodríguez, que se entiende con el imperio.

Capriles no es indiferente al veredicto de unas elecciones libres en un país bajo el paraguas del poder norteamericano, con dominio sobre su soberanía, en el entendido de que el poder ya no se justifica con derecho internacional sino con fuerza brutal, y no someterse es exponerse a un nuevo bombardeo, cuando el bloqueo y asfixia económica de Venezuela por parte de Estados Unidos ha sido la constante en los últimos 27 años.

El chavismo sin Maduro le apostó a una jugada maestra para que Estados Unidos se despache con el petróleo y emita licencias para sus petroleras, escenario propicio para que firmas estadounidenses puedan comerciar hidrocarburos y usar los aeropuertos y puertos venezolanos; timonazo de la presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, exmilitante del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), a poco de enarbolar la causa del Movimiento Somos Venezuela, una estructura de base chavista con perfil político y social.

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