COLUMNA

“Descabezaron” consejeros para seguir reinado en la UPC

Una reflexión crítica sobre la crisis institucional en la Universidad Popular del Cesar, las disputas por el poder administrativo y las consecuencias que han dejado las recientes decisiones del Consejo Superior Universitario.

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Lo que se vive en la Universidad Popular del Cesar (UPC) es lamentable y doloroso para unos y de imprudencia para otros, pero hoy no vengo aquí a poner a unos a un lado y a otros en otro lado, no.

Lo que sí se puede advertir es que están jugando con el único patrimonio de educación superior que ha podido resistir 50 años de desgracia, ataques, corrupción, nepotismo y saqueo de su erario público. Una minoría que se resiste a dejar el poder administrativo para seguir reinando a sus anchas y panzas.

Cada vez que sale un rector por las buenas o por las malas, dicen que hay un nuevo rico en el Cesar. Eso debe investigarlo la Fiscalía, algo hay en la punta de la cabuya.

En mi columna del pasado 15 de abril hice un llamado serio, contundente y de optimismo, dije que habían pasado tantas cosas en la UPC en estos últimos 50 años. La barbarie que vivió la UPC de manos de criminales fue un sismo brutal, docentes asesinados a sangre y fuego por no pensar igual que sus asesinos, otros han renunciado, muchos se han pensionado y otros están ahí enseñando, proponiendo, enfocando y esperando que dejen en paz a la UPC.

Incluso, sostuve que en pocos días el rector Robert Romero iba entregar el cargo al profesor Guillermo Andrés Echavarría Gil, quien fue designado en medio de duros cuestionamientos al Consejo Superior Universitario.

Advertí que los miembros del Consejo Superior, los que hoy perdieron mayoría, estaban sordos y ciegos, y no miraban las críticas constructivas, para verificar o rectificar si el nuevo rector cumplía o no los requisitos. Hoy debieran ser investigados ellos.

Y ratifiqué que había indicios que señalaban que el nuevo rector estaba inhabilitado para ejercer el cargo. Solo bastaba investigar y encontrar la verdad, y le pedí a Guillermo Echevarría que si era cierta semejante acusación que se apartara del proceso, pero no hizo caso, le dio lo mismo. Seguramente porque los cinco del CSU que lo apoyaban lo iban a respaldar, él pensó que irían hasta la tumba con él, resultó falso, porque lo traicionaron y perdió su curul.

Sin embargo, el honorable Consejo Superior lo eligió en una sesión exprés de 10 minutos y diez días después el Consejo de Estado lo apartó del cargo y seguramente ratificará su fallo inicial. Echavarría se convirtió en el rector que fue tumbado más rápido por la justicia en el mundo. Le dieron de su misma medicina.

Todo esto pasó por la soberbia de una minoría de los directivos de la UPC a escondidas. Pero eso ha tenido un costo entre los mismos que se han prestado para tantas argucias y hasta se habla de rapiñas.

Lo cierto es que pareciera que está suelto el diablo en la UPC. Toda esta tramoya que estaba “cantada” no la tuvo en cuenta el Consejo Superior. Sin embargo, hay dos figuras que lo perdieron todo: el consejero Armando Luis Cotes de Armas porque renunció al CSU y de decano creyendo que lo iban a nombrar rector encargado y el señor Echavarría, quien renunció al CSU para ocupar la rectoría y hoy quedó con las manos vacías. En su reemplazo fue nombrada rectora encargada Ana Maya, quien era vicerrectora de Investigación.

La otra lectura es que la mayoría del Consejo Superior se desmoronó como un monumento de cartas y quedaron por fuera Presidencia de la República y el consejero de los estudiantes quien hasta ayer no se sabe nada de él, muchos afirman que va a renunciar a la curul. Hasta la próxima semana.

Por: Aquilino Cotes Zuleta / tiochiro@hotmail.com

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