Estados Unidos ha arreciado su intervencionismo en el mundo usando la fuerza militar, lo que antes se hacía desde el lobby de la diplomacia, y Colombia está en la mira para ser tomada bajo esa estrategia al mejor estilo de lo que pasó en Panamá en su momento, Venezuela, Honduras, Argentina y luego irían por Brasil y Perú. Y para el caso de nuestro país, Abelardo es el candidato perfecto para este plan y paso a explicarlo.
En los últimos meses sucedieron unos hechos que precisamente por su importancia estratégica se diluyeron entre las noticias que tienen a los medios ocupados hablando de las nalgas postizas de un candidato y otros repitiendo hasta el cansancio lo del robo de la UNGRD; es decir, el debate está por un lado atacando al candidato de la ultraderecha (Abelardo) por su profesión y su pasado oscuro y el otro bando haciendo el mayor esfuerzo por convencer al electorado de que Cepeda es el candidato de las Farc, cuando el verdadero peligro no está en si un abogado mafioso corona la presidencia o si un candidato proguerrilla también lo hace.
Y los hechos que les menciono ocurrieron en el siguiente orden: en noviembre de 2025, el candidato Salvador Nasralla era el favorito para ganar las elecciones en Honduras, y luego de una abierta intervención bajo amenaza de Trump, resultó ganador el actual presidente Nasry Asfura y sobre el cual está relacionado el segundo hecho mencionado, y es que a raíz de la publicación de unos audios donde conversa con el expresidente Juan Orlando Hernández, quien purgaba una condena en EE. UU. de más de 40 años por narcotráfico y con un hermano preso por el mismo caso, resultó favorecido por un indulto del presidente Trump.
Y el tercer hecho corresponde a una fugaz noticia sobre la filtración de una presunta conversación entre el abogado candidato y miembros de la familia Bautista, dueños de la firma Thomas Greg & Sons y quienes tienen injerencia directa en el proceso electoral de Colombia y otros países de Latinoamérica y coincidencialmente en Honduras. En la supuesta conversación, el abogado le pedía a los señores de Thomas Greg que voltearan los resultados a su favor; el tema no pasó de unas vagas explicaciones y quedó sepultada con un supuesto plan de un francotirador para asesinarlo al mejor estilo Trump.
Lo que hay detrás de todo este tema de las elecciones de mayo y junio de este año no es si gana la derecha o la izquierda; lo que se juega es la continuidad de la expansión de China en el continente. Se estima que entre 2022-2025 la inversión fue de entre 60.000 y 90.000 millones de dólares, siendo los países receptores en su orden: Brasil, Perú, Chile, Argentina y México; y aunque Colombia no figura en esta lista, en los últimos cuatro años la inversión fue de entre 1.500 y 3.000 millones de dólares y para 2035 llegaría a 10.000 millones, siendo energías limpias y tecnología 5G las de mayor impacto.
¿Me siguen la idea? Estados Unidos requiere presidentes que no solo sean aliados, sino que ellos (los gringos) tengan la certeza de que no se atrevan a cambiar de parecer, pues los tienen chantajeados con procesos que están congelados en las cortes federales. Y a manera de dato clave, en los audios interceptados entre el presidente hondureño y el expresidente narco, hablan de cómo Israel va a financiar campañas de desprestigio contra los mandatarios de México y Colombia, pero ¿y qué tiene que ver Abelardo en todo esto?
El abogado no ha podido explicar su enorme fortuna heredada de las acciones de su fundación Fipaz durante el proceso de paz en Santa Fe de Ralito en el mandato del expresidente Álvaro Uribe, pero la DEA sí lo sabe, porque él tuvo acceso a información privilegiada de rutas de narcotráfico, listado de socios, capitales y demás secretos que compartió con su íntimo amigo Salvatore Mancuso; todo esto está documentado.
Trump e Israel quieren poner presidente en Colombia y Abelardo cumple con el perfil que necesitan, pues no solo su ciudadanía gringa reposa en las oficinas federales, sino sendos secretos de ese pasado oscuro del candidato. Creo que debemos mirarnos en el espejo de Argentina.
Por: Eloy Gutiérrez Anaya
