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Cuando el género vallenato se contaminó

El texto reflexiona sobre la evolución del vallenato desde sus raíces auténticas hasta su vínculo con dinámicas económicas y culturales cuestionadas, señalando una “contaminación” del género por influencias externas, incluida la relación con economías ilegales y cambios en su esencia tradicional.

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Tomé este título del libro “Cuando se jodió el Cesar”, del escritor vallenato Miguel Maldonado Martínez. El símil me pareció oportuno en dos aspectos, la economía y el folclor. A mediados del siglo XX, la música predominante y comercial eran la mejicana y la cubana, a la Sonora Matancera y al bolero no los podremos olvidar; después vino Ángel Viloria con sus merengues dominicanos en acordeón, al menos por acá; de lo nuestro la fuerza la tenía el porro sabanero que atendía todas las fiestas en clubes y matrimonios. Las primeras impresiones discográficas de nuestro género en acordeón las recuerdo de Luis Enrique Martínez, Alejandro Durán y Julio de la Ossa.

Después apareció Aníbal Velásquez con sus guarachas. Por un buen tiempo estuvieron los Corraleros de Majagual y después Alfredo Gutiérrez con su conjunto. El Binomio de Oro también hizo su época. En los sesenta, las canciones de Rafael Escalona se escuchaban en las guitarras de Bobea y sus Vallenatos en la inolvidable voz de Alberto Fernández Mindiola, aunque ya Buitrago había dado a conocer algunos temas de Tobías Enrique Pumarejo. Pero fue, quizás, a partir de los Hermanos López con Jorge Oñate cuando despegó el vallenato como género autóctono, consolidando la escuela de Escalona matriz de este bello folclor.

Si “Gabo” hizo realidades a partir de sus leyendas (realismo mágico), Escalona hizo leyendas de sus realidades (¿historicismo?) e hizo clásico un género musical. Apareció Consuelo Araújo Noguera con la idea creadora de hacer un festival de música vallenata, en alianza coherente con Escalona, López Michelsen y hasta “Gabo”. Fue un éxito comercial y cultural, tanto que hoy somos Patrimonio Cultural e Inmaterial de la Humanidad sobre cuya sostenibilidad hay dudas. Pocas son las personas que tienen condiciones para dejar legados, Escalona y Consuelo lo hicieron, únicos en 250 años de peregrinaje genético de nuestra estirpe como región.

Pero, en todo proceso hay momentos disruptivos, con crestas y valles. A la par que este género irrumpía, también lo hizo la cultura marimbera como en tiempos del “Tite” Socarrás era el contrabando y con la etapa superior de la mafia cocainera, el “vallenato” también crecía. Los saludos a los capos en los acetatos forjaron una cultura de reciprocidad con los traquetos; era común ver a un cantante saliendo de una narcoparranda manejando una “4 puertas” regalada, la simbiosis era muy fuerte, terminaban de compadres. Mas, a veces este maridaje terminaba mal.

El matrimonio de “Fritanga”, amenizado por el jet set de la farándula e invitados especiales, fue abortado por la Fiscalía. Se comenta que algunas agrupaciones musicales son financiadas por narcos y que muchos llenados de escenarios, serían lavanderías. Claro, habrá excepciones, pero de que las brujas existen, sí.

Es una lástima, el “vallenato”, es tal vez, la mayor industria económica del Cesar y su desarrollo en el aprendizaje del arte es inigualable; hay que estar orgullosos de cómo una pléyade de niños y niñas ejecutan el acordeón con gran solvencia; aquí vienen a capacitarse jóvenes y adultos de todo el país, incluso de afuera, en las diferentes escuelas musicales que hay en Valledupar, en especial la del precursor el “Turco” Gil a quien saludo con grande admiración.

El argumento es irrefutable desde la perspectiva cultural y económica. Sin embargo, estas ganancias también tienen sus costos, hoy no sabemos dónde termina la cultura musical y dónde comienza la mafiosa; además, el verdadero “vallenato” ya poco fluye, solo lo escuchamos durante las competencias festivaleras, muchas canciones se hacen por encargo y hasta por la IA.

Estamos en deuda con Escalona y Consuelo que ya no podrán protestar. Estos son nuestros pecados, nos hemos contaminado y la vacuna no está a la mano. No quisiera ver el momento en que lo único que nos quede de esta cultura traqueta sean las “casas campo”.

Por: Luis Napoleón de Armas P.

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