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¿Cepeda en primera vuelta?

Quienes son optimistas del resultado electoral en primera vuelta —lo que implica sobrepasar la mitad más uno de los votos (51%).

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No deja de ser una prueba de fuego, con todas las apuestas, vaticinar el triunfo de Iván Cepeda en primera vuelta con una intención de voto superior al 44%, escoltado por Abelardo de la Espriella con el 21% y Paloma Valencia con el 19%. Pero una derecha dividida frente a una izquierda unida sería “pan comido”, expresa el sentido común; y de unirse, de ser el candidato Abelardo de la Espriella en una hipotética segunda vuelta, la derecha ortodoxa no le votaría.

Una de las pocas firmas encuestadoras que acertaron la elección presidencial de Gustavo Petro fue CELAG, acrónimo que traduce Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica, el cual estudia, investiga y analiza los fenómenos geopolíticos, económicos y sociales del continente.

Quienes son optimistas del resultado electoral en primera vuelta —lo que implica sobrepasar la mitad más uno de los votos (51%)— aseguran que el Pacto Histórico le arrebató las banderas al Partido Liberal, protagonista de la Revolución en Marcha con Alfonso López Pumarejo, hasta darle al liberalismo de hoy el calificativo de “dinosaurios en vía de extinción”, desprovisto de apertura democrática y vocación de poder, limitado a la entrega de avales, pero sin auscultar las bases populares.

Un Pacto Histórico que tiene la chequera del Estado con cargos y contratos, porque se le metió al rancho a las élites, se abandera de causas sociales con reparto de tierras a sectores marginales, salario mínimo vital, reivindicaciones laborales de horas extras, recargos nocturnos, dominicales y feriados, y por primera vez remuneración a los aprendices del Sena, médicos residentes y soldados en servicio militar, amén de reformas sociales para beneficiar a las clases populares.

En ese escenario, a Iván Cepeda solo le resta conquistar el 5% de la franja de indecisos y de centro, y tiene para hacerlo antes del 31 de mayo; ideología en la que erróneamente son rotulados los homosexuales y de sexo diverso. Empero, el desprecio de Dante contra los tibios o de centro en La Divina Comedia es ejemplar, aunque en política hay que sumar.

Afirma Dante en su condena ética y política a los tibios o de Centro: “En tiempos de crisis moral la neutralidad es inmoral; entre el opresor y el oprimido la neutralidad es traición; la neutralidad en tiempos de conflicto con el opresor es complicidad. El cielo rechaza a los tibios por no haber sido virtuosos y el infierno los aborrece por no haber sido lo suficientemente malvados. Los tibios no merecen ni el fuego del infierno ni la luz del cielo”.

Retomando las encuestas: ¿aciertan o se rajan las firmas encuestadoras de cara a la elección presidencial? Invamer midió la intención de votos, trabajo de campo que antecedió a los atentados terroristas de los últimos días en el Valle y Cali. ¿Es conveniente instrumentalizar el miedo y el dolor con el fin de manipular una encuesta? Interrogante que orbita el espectro electoral a pocos días de los comicios.

Para culminar, no pierde vigencia la viralizada columna del empresario bogotano Sebastián Sanint, titulada “El país contra un solo hombre”: Petro o anti-Petro, lo demás es ruido. En ella pronostica gobiernos progresistas más allá de 2036, porque el presidente tiene discurso, le habla a la calle, domina el miedo y maneja la movilización social.

El discurso de la seguridad no vende, contextualiza el columnista, sin soslayar el lastre de los falsos positivos o crímenes de Estado en un país que nunca ha conocido la normalidad, solo una secuencia de desigualdad, violencia, impunidad y cinismo.

Finalmente, Sebastián Sanint se ocupa de una oposición en crisis de poder y de ideas, sin una idea potente, sin conectar con el taxista —el mejor analista político, algo que no se aprende en Harvard ni en Los Andes—, pero también pone en evidencia a los partidos tradicionales que se venden al mejor postor y juegan a la oposición mientras negocian contratos; ventajas del candidato del gobierno para hacerse de nuevo al poder.

Por Miguel Aroca Yepes.

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