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El festival que nos desbordó (primera parte)

Lo primero que evidencia el evento es que las instituciones involucradas en el antes y durante el certamen trabajan de manera infatigable y con total compromiso.

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“El que no sabe para dónde va, cualquier camino le sirve”. Aunque la frase real fue pronunciada diferente, el significado es el mismo. Y traigo a colación la cita porque terminó con éxito otra versión del Festival Vallenato y nos disponemos a esperar la próxima versión del Rey de Reyes, todo un acontecimiento y de seguro será un gran éxito como todos los hasta hoy organizados; pero, indiscutiblemente, llegó la hora de alzar el tapete y sacar la basurita que hemos venido barriendo para adentro, porque ya empezó a notarse y a oler feo. 

Lo primero es que, si seguimos midiendo el Festival con el único indicador de si los eventos (que cada vez son más) estuvieron llenos o más bien flojos, perderemos una enorme oportunidad para hacernos la autocrítica y empezar a ventilar aquellos aspectos que nos muestran lunares que, de no prestarles atención, terminarán por afear el evento más importante de música del país. Como de lo que se trata es de ayudar más y criticar menos, podría incluso plantear algunas soluciones que, aunque no son fáciles, sí podríamos encaminar acciones para cerrar esas brechas que existen entre lo que se espera que deje el evento vs. lo que realmente pasa.

Lo primero que evidencia el evento es que las instituciones involucradas en el antes y durante el certamen trabajan de manera infatigable y con total compromiso, cada una marchando a ritmos intensos para que todo salga bien, y es un mérito que nadie podrá desconocer; la Fundación haciendo su magistral papel como organizadores, donde son expertos indiscutibles para seguirlo haciendo por siempre; la Alcaldía y sus sectoriales, cada una velando para que institucionalmente el evento marche sobre ruedas; los gremios vinculados bogando para que a sus afiliados les vaya bien; las autoridades intentando garantizar el orden y los empresarios de los espectáculos haciendo lo que pueden para conseguir proveedores para sus gigantescas puestas en escena. Pero hay un pequeño detalle que mostró sus grietas: pareciese que hay poca articulación y coordinación entre sí. Lo sucedido con el cambio repentino del recorrido del tradicional desfile de Piloneras, la obstrucción de la entrada principal de un centro comercial que le causó un enorme daño económico y el caos que se generó con el espacio público por ausencia de control real, se convirtieron en focos de atención para evitar, como ya lo dije, que el evento nos desborde.

Lo segundo sería saber las reales cifras del evento. No hay manera de controlar, planear, coordinar y organizar si no se cuenta con datos estadísticos confiables de lo que pasa en el Festival en cada uno de los sectores que participan en dicho evento. Por ejemplo: ¿cuántos visitantes estuvieron en la ciudad?, ¿cuántos llegaron por aerolíneas?, ¿cuántas en vehículos particulares?, ¿cuántas a través de las empresas de transporte terrestre?, ¿cuántas camas de hotel se ocuparon?, ¿cuánto empleo generó y de qué tipo?, ¿cuánto fueron las ventas? Y un tema de gran impacto y no menor: ¿quién vigila los precios para evitar abusos?

Y no estoy hablando de intervencionismo, pero sí de unos márgenes que eviten la especulación, empezando, por supuesto, por el servicio público de transporte (taxis) y ni hablar del servicio urbano que presta el sistema SIVA. Estoy seguro de que hoy todos tenemos información y cifras que escuchamos en algún lado y de inmediato se convierten en dogmas, incluso llegando a confundir a quien usa la información para tomar decisiones; pero mientras no tengamos un sistema serio de recolección, tratamiento y análisis de datos, la información será meramente especulativa y desacertada.  

Otro factor que requiere atención urgente y que se conecta con lo expuesto anteriormente es: ¿quién determina, y sobre qué base, cuántos permisos para eventos se pueden otorgar? ¿Se sigue apelando a la teoría de que entre más eventos haya mayor éxito tiene el certamen? Sería una manera simplista de ver el tema, pues hay muchos más aspectos estratégicos que se escapan del análisis precisamente por falta de datos reales y confiables.

El Festival Vallenato sobrepasó todas las expectativas y ha batido todos los récords, pero aún no nos hemos percatado de lo grande que es y la gran oportunidad de empresa que tenemos en las manos. Continuará.

Por:  Eloy Gutiérrez Anaya

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