No tengo en la memoria reciente que, después de una elección al Congreso, los escrutinios finales se hayan tardado tanto en otorgar las respectivas credenciales y declarar oficialmente electos a los congresistas que llegarán al Senado; y es que no es para menos, hay mucho en juego en manos del próximo Congreso, por eso cada voto cuenta y cada curul aún más.
Así las cuentas e independientemente de lo que ocurra, los cambios no serán tan relevantes, puesto que ni el gobierno ni la oposición obtuvieron las mayorías, por lo que el juego de alianzas estará a la orden del día. El gobierno juega con ventaja porque, muy a pesar de que ya tiene el sol a sus espaldas, aún tiene algunas cartas con las que jugar: el manejo de la chequera, la burocracia, decretos que aún puede expedir para presionar apoyos y, por supuesto, la constante amenaza de tomarse las calles. Porque no nos llamemos a engaños: es un cuco que sí asusta debido a que sus efectos ya los conocemos. Sin embargo, hay mucho, pero muchísimo más en juego, y el próximo gobierno será clave en aspectos de orden estratégico global.
La próxima elección definirá dos posibles rutas o modelos: la que se alinee al globalismo puro y la Agenda 2030 con el Foro de Davos como su epicentro, o el ultraderechismo extremo que cada vez gana más terreno a nivel global, siendo su mayor exponente el movimiento MAGA, “Make America Great Again” (Hagamos a Estados Unidos Grande Otra Vez), con Donald Trump como precursor de este modelo disruptivo que amenaza con derrumbar los pilares de la democracia moderna y dar paso al autoritarismo desafiando el orden multilateral. Dicho sea de paso, en Colombia ya se tiene perfectamente identificado quién representa qué. Como lo mencioné en la primera parte de esta columna, las posibilidades de que la ultraderecha (Uribe con De la Espriella), la derecha moderada y movida hacia el centro (Paloma Valencia) o una izquierda extrema (Iván Cepeda) lleguen al poder, están a escasos dos puntos porcentuales (43 % Iván Cepeda contra 41 % que suman Valencia y De la Espriella).
Desde la mirada global, y teniendo en cuenta lo que los movimientos mundiales demandan —gobiernos que garanticen mercados estables y menos ambientes hostiles o de conflicto—, el escenario de segunda vuelta presenta a un Uribe queriendo controlar la campaña de Valencia, a quien reclamará como suya (entre otras, porque Valencia muy hábilmente, y al mejor estilo Santos, dijo que Uribe es su “papá político”), y por otro lado a Santos haciendo todo lo necesario para que modere su discurso y no “haga trizas” el acuerdo de paz. Al final, a Uribe le pasará con Valencia, si llega a ganar la presidencia, lo que le pasó con Iván Duque, que terminó siendo más santista que uribista; de ahí la ruptura de relaciones Duque-Uribe.
¿Qué se avizora en el escenario político? Que tanto Gaviria, Pastrana y Vargas Lleras tiene sus fuerzas dinamitadas desde adentro. Las más permeadas son las de Pastrana, quien ya no tiene ninguna injerencia sobre el Partido Conservador, pues ante la decisión de muchas de las fuerzas azules de volverse amigos del gobierno, incluso se habla del aterrizaje de varios congresistas a la campaña de Iván Cepeda. La pérdida de curules de Cambio Radical y la desbandada que habrá en el Partido Liberal por los pobres resultados de Gaviria, que no dio para elegir a la hija, dan muestra, insisto, de que la balanza se inclinará hacia el centro y tal vez otra vez a la izquierda.
Si no pasa nada extraordinario, insisto con mi tesis: antes de los próximos 45 días, las fuerzas a enfrentarse serán una derecha moderada y matizada de centro (Valencia) frente a una izquierda que muy seguramente no podrá aglutinar a toda la centroizquierda, que serían los únicos que llegarían a apoyar a Cepeda, porque la centroderecha estaría, en teoría, ya con Valencia. Pero ojo al dato: si Uribe pierde con De la Espriella (que es su verdadero candidato) y se vuelve difícil llegar a acuerdos con Valencia, harán una fractura tan enorme que le pueden servir en bandeja la presidencia a Cepeda o que surja un gallo tapado.
Por: Eloy Gutiérrez Anaya
