Las riquezas para el sabio son una servidumbre; para los necios, un medio demonio, parece subsumir a Séneca en su modo de pensar Alfredo Gutiérrez Vital, el rostro más conocido en la lucha por los derechos de los músicos colombianos. La narrativa contenida en un video de YouTube, aunque abre un interrogante sobre su situación económica, que no es precaria, evoca la resiliencia del niño genio que asume las riendas del hogar para aliviar el padecimiento de su padre con cáncer, Alfredo Gutiérrez Acosta, acordeonero oriundo de La Paz (Cesar), desarraigo que asumió con estoicismo sin que el trance doloroso mellara su actuar virtuoso.
Nadie pone en duda el bienestar económico del trirrey vallenato, y lejos de ser envidiado es admirado por sus dones y virtudes, en contraposición a la explotación de las disqueras que se siguen lucrando del talento de nuestros artistas, aún en plena era digital; crean nuevos perfiles, usan su nombre, marca, imagen y voz, relanzan sus discos, renuevan carátulas y amasan fortunas con millones de reproducciones que facturan internacionalmente.
Durante 60 años las discográficas se quedaron con el patrimonio de los juglares, documentan las denuncias, no siendo la excepción el Rebelde del Acordeón, y los que contemporizaron con él tampoco escaparon a la usura, aunque cabe aclarar que el exitoso intérprete vive holgadamente en Barranquilla en el exclusivo conjunto residencial Altos de Riomar cerca al Centro Comercial Buena Vista.
La legislación de otros países marca la diferencia. En México el compositor con éxito internacional vive de las regalías, no necesita trabajar, la música trabaja por él, está en casa y el dinero llega cada mes. En Estados Unidos celebridades que murieron hace 50 años todavía generan millones de dólares para sus herederos, la ley protege al artista y a su familia, honran al intérprete.
Desde luego que hay que renegociar con las discográficas, que mutaron a las plataformas digitales, para que se haga justicia, lucha en la que persiste el polifacético músico, saqueo ignorado por gobierno tras gobiernos, sin que ningún jefe de Estado haya puesto el foco sobre una problemática global atravesada por un género musical llamado a ser el nuevo carbón del Cesar como filón turístico y cultural.
Porque se investigue el entramado empresarial discográfico y se adopte una nueva legislación sobre derecho de autor, apunta Alfredo Gutiérrez, para que la riqueza musical no degrade a miseria social, aspecto en el que trabajó duro el compositor Mateo Torres, quien se hizo abogado y se especializó en el tema para defender sus derechos y el del gremio, pero fue vetado en su momento por alzar la voz -No le grabaron más-, pero el león dormido volvió a despertar para poner en evidencia a las casas disqueras, empresas que comercialmente han usufructuado durante décadas del vallenato raizal y rupestre.
Se le reconoce al artista de todos los tiempos extrapolar y hacer girar el formato de narrativa campesina y cantos de vaquería hacia propuestas amorosas para impactar mercados globales, innovando instrumentalmente con la incursión del bajo eléctrico, la tumbadora, timbales y coros a los grupos vallenatos, y a sus 83 años continúa extasiando al público con sus conciertos.
Quien sigue siendo genio y figura hasta la sepultura no ve el día en que se aparte del arte y le pide a Dios que la música que respira, transpira y corre por sus venas no lo abandone, para seguir deleitando a las multitudes que siempre le han dado el estatus que se merece, sin presumir riquezas, privilegios ni vanidades.
Por: Miguel Aroca Yepes
