COLUMNA

Abelardo lidera con su ejemplo

Pareciera que Abelardo de la Espriella no duerme. ¿Cómo puede dedicarle tanto tiempo a gobernar? ¿Cómo fue que Colombia cambió tanto, tan rápido?

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Sin duda el liderazgo del presidente Abelardo de la Espriella es digno de análisis; no cabe la menor duda de que este personaje sabe que debe modelar el «deber ser» en el que cree y para el que fue elegido por la mayoría de los colombianos. El nuevo mandatario está en todas partes: tiene la capacidad de madrugar —no necesita que lo despierten a las 4:00 de la tarde— y puede estar en los Llanos Orientales en la mañana y visitando el Chocó al mediodía. Estudia los temas, prepara sus reuniones y sabe de lo que está hablando; tiene una gran capacidad para priorizar asuntos y muestra claridad absoluta en cuanto a lo que quiere que pase en Colombia. Ha mostrado una enorme confianza en los miembros de su equipo de gobierno, ha delegado importantes acciones en su vicepresidente y tiene en su esposa a una aliada de primer nivel, que también se remanga, viaja, se mueve y «coge al toro por los cuernos».

La fuerza pública debe estar de plácemes. Después de 4 oscuros años, de haber tenido qué ver a las hampones como gestores de paz, como negociadores por encima de la ley, ahora tienen a un presidente que, pistola al cinto, ejecuta, camina, recorre las regiones devastadas por el reciente terremoto y/o por la violencia de las mafias que se exacerbó en manos del gobierno anterior -su cómplice-. Hoy, tanto ejército como policía, la fuerza aérea y la armada, tienen un líder de verdad, verdad. Las condiciones de inseguridad y corrupción de la izquierda radical que nos gobernó, generaron la necesidad de un liderazgo como el de Abelardo de la Espriella y afortunadamente la conciencia de la nación supo llevarlo a buen puerto. Cada acción de este gobierno está soportada en el apoyo de un pueblo que clamaba por orden y justicia, por recuperar libertades de locomoción, que requería de acciones concretas contra el terrorismo, contra el narcotráfico.

Pareciera que Abelardo de la Espriella no duerme. ¿Cómo puede dedicarle tanto tiempo a gobernar? ¿Cómo fue que Colombia cambió tanto, tan rápido? Es que “pasamos de la noche a la mañana” de un gobernante que aparecía drogado y borracho en público, que dejó plantado hasta el mismo secretario de la ONU, a un adicto, pero al trabajo, a un adicto de los buenos, de los que está comprometido, como ninguno, a sacar a Colombia del hoyo. Nuestro presidente gobierna con el ejemplo. Exige porque da, pide resultados porque él también los produce. En los días por venir, es muy posible que miembros de su equipo presenten sus cartas de renuncia ya que mantenerle el ritmo a De la Espriella es todo un reto y la gente puede tender a cansarse. El tema aquí es que la alta exigencia puede generar que el reemplazo de los que se van se haga cada vez más difícil. De este gobierno hacen parte los que están dispuestos a sacrificarlo todo por Colombia, por los colombianos. No es fácil tomar esa opción, pero esperemos que siempre haya personas competentes y preparadas para “montarse en ese potro.” El presidente debe ser un motivador muy hábil, debe tener la capacidad de ser un gran inspirador, para poder mantener ese voltaje en su equipo.

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