El tren traqueteaba en su interminable recorrido, los rieles se deslizaban con un estrépito que hería los oídos, se agitaba de uno a otro lado en un culebreo acompañado del estruendo del pito de la sirena en cada estación.
Manuel Zapata, el andariego, joven galeno, iba rumbo a Venezuela, y llega al municipio de La Paz. Iba tras las huellas de su parentela por el lado de su progenitora Edelmira Olivella, blanca de origen español. Es su primo Don Pedro Olivella Araujo quien lo recibe.
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