Cuando se llega a Burgos es casi un delito no visitar a Santa Gadea, capilla en donde estuve un día de junio de 2004, recogiendo algo de historia, mi pasión de siempre. Allí, en el espacio de una nave estrecha, en la Edad Media, el Cid Campeador, Rodrigo Díaz de Vivar, nacido en el lugar, hizo jurar al rey Alfonso VI de León, con manos puestas sobre Los Evangelios, que no había participado en el asesinato de su propio hermano, el rey Sancho de Castilla.
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Solo entonces le prestó juramento como uno de sus vasallos, antes de irse con sus huestes de guerra a combatir a los moros de Valencia. En la catedral de Burgos está el sepulcro de este adalid de España. Recorrí también el castillo inmenso de allí, hecho por un tal conde de Porcelos; los campos arqueológicos de Atapuerca donde se encontraron restos de homínidos de un millón de años; el monasterio de San Pedro de Arlanza, en la ruta jacobea que conduce a los peregrinos a Santiago de Compostela, al otro extremo de España, donde se cree que están los restos del apóstol de ese nombre.











