CRÓNICA

Amores y aventuras de Alejandro Durán Díaz, ‘El negro Alejo’

A edad de veinte años desafía sus temores e inicia la ejecución formal del acordeón, instrumento que lo acompañará toda su vida. Definida su vocación, su mayor deseo fue idear un estilo muy personal. Con contadas excepciones, procuró componer y tocar sus propias canciones, esto lo llevó a ser original al ejecutarlas e interpretarlas, aunque reconoce haber tomado de Víctor Silva la melodía, y la picardía del tío ‘Mendo’.

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Amores y aventuras de Alejandro Durán Díaz, ‘El negro Alejo’

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Alejandro Durán Díaz nació en El Paso, un pueblo situado entre los ríos Cesar y Ariguaní, región ganadera desde la época colonial. Juan Bautista de Mier bautizó con el nombre de Hacienda de Santa Bárbara de las Cabezas el patrimonio que recibió por su desempeño como militar. En su haber contaba además con un gran número de esclavos.

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Su familia estuvo vinculada por mucho tiempo a esta hacienda. Juan Bautista Durán, abuelo paterno, músico y tocador de pito traverso, compuso algunas canciones. También cantaba y animaba las parrandas. Alejo estuvo siempre muy cerca de él. A los nueve años montaba en el anca del burro para acompañarlo en sus labores. Fue el punto de partida, el puntal definitivo para que él forjara su talento artístico. Desde temprana edad supo descifrar lo que significaba el mundo que lo rodeaba y captó el mensaje para cantar a la naturaleza, al paisaje, a los atardeceres y de manera especial al amor.

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