COLUMNA

Crecimiento y desigualdad

Las teorías neoliberales, un credo religioso desde César Gaviria, han vendido una idea falsa, en el sentido de que el solo crecimiento ayuda a cerrar la brecha entre pobres y ricos. Esta religión fue impulsada en los EE.UU por Ronald Reagan y transmitida a todo el mundo capitalista. El gancho era que así se ayudaba […]

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Las teorías neoliberales, un credo religioso desde César Gaviria, han vendido una idea falsa, en el sentido de que el solo crecimiento ayuda a cerrar la brecha entre pobres y ricos. Esta religión fue impulsada en los EE.UU por Ronald Reagan y transmitida a todo el mundo capitalista. El gancho era que así se ayudaba al segmento más pobre de la sociedad a crecer más rápido y a mitigar la desigualdad.

Decían que había que esperar que el producto per cápita creciera  en los países desarrollados para que disminuyera, por arte de magia, la desigualdad; esperen un momento que después que hayamos crecido lo suficiente, empezaremos a compartir y a generar inversiones. Carreta, nunca compartieron. Esta estrategia engañosa es conocida como trickle down (el caramelo derramado) o teoría del goteo. Por fortuna, el Banco Mundial y algunos investigadores como Thomas Piketty han demostrado que esto es una falacia porque el solo crecimiento económico no saca de la pobreza sino que, más bien, la incrementa y genera menor movilidad social.

Un efecto directo de esta teoría es la excesiva concentración de la riqueza. Este sí es un verdadero populismo. Según un informe del Credit Suisse, para el 2020, el 1.1 % de la población concentró el 45.8 % de la riqueza total y el 55 % de la población mundial solo tenía el 1.3 % de esa riqueza. La pandemia dejó al descubierto la desigualdad económica del mundo. Para el Centro de Derechos Económicos y Sociales de la Universidad del Rosario, la concentración de la riqueza y el poder económico y político son un obstáculo para el desarrollo sostenible, posible si se comparte la riqueza vía redistribución, combatiendo la desigualdad.

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