En compañía de Pedro Miguel Peinado Royero y de otros contertulios escuchábamos el relato del cuento del afamado farmaceuta y tegua de profesión, radicado en el siglo pasado en el municipio de Chiriguaná. En aquella época, los seres humanos morían de paludismo, gripa, tétano o de alguna enfermedad poco conocida que afectaba crónicamente la salud del paciente sin que se conociera a ciencia cierta el verdadero motivo de la muerte.
Ante la carencia de médicos en el mundo, la ciencia médica navegaba a la deriva por falta de especialistas, lo que generaba que pequeños males llevaran a la tumba a seres humanos quienes, con tratamiento oportuno, se les podía salvar.
Al referido cuento se sumó el también chiriguanero doctor Carlos Oyaga Quiroz con quien reímos a carcajadas por el desenlace de la ocurrente historia que involucra a un hombre mal llamado médico, quien, con su sapiencia natural, aprendió recetas de los abuelos y las aplicaba con certeza en su consultorio ubicado en la plaza central de la localidad.











