Ad portas de la realización del Festival de la Leyenda Vallenata, resulta de buen recibo y oportunidad la noticia de que Satena anuncia el lanzamiento de la ruta Valledupar–Medellín. Pero sin promoción del destino no volará alto. Ya lo hemos experimentado.
Es de suma importancia que la conectividad aérea vuelva a ser tema de conversación en todos los estamentos de la sociedad vallenata y qué bueno que esta se refiera a hechos concretos en estos días previos al festival.
Sin duda alguna que la apertura de nuevas rutas y el fortalecimiento de frecuencias aéreas son absolutamente necesarias para fortalecer la imagen de Valledupar como Capital Mundial del Vallenato, en razón a que facilita el arribo de turistas y la consolida como epicentro cultural de talla nacional e internacional, capaz de recibir con eficiencia a miles de visitantes que cada año llegan atraídos por la música, la tradición y el folclor de nuestra región; pero, al igual que Latam en días de festival, nos preocupa que no alcance sostenibilidad, mercado permanente y no de esa temporada especial.
Es innegable que la conexión directa con Medellín, una de las ciudades más dinámicas del país, abre una puerta estratégica para el intercambio económico, turístico y cultural en una mayor proporción.
Es acertada la idea de programar vuelos especiales durante el Festival Vallenato, lo cual permitirá satisfacer las necesidades de la región durante este evento de gran magnitud que requiere de una buena infraestructura de transporte que años anteriores se había convertido en un verdadero cuello de botella, pese a que se incrementaban los despachos de aviones desde y hacia Bogotá, pero eso no era suficiente. Y ayudaría a moderar los precios, por cierto disparados y casi inalcanzables en días del festival.
Claro está, como lo venimos diciendo, que la ampliación de rutas aéreas no debe darse solo para el festival; eso debe ser un compromiso permanente bajo el entendido de que el desarrollo regional depende, en gran medida, de su capacidad de conexión. En tal sentido, la socialización de resultados de la ruta Valledupar–Medellín, como aquella ya en marcha y operación con Barranquilla, demuestra que cuando hay voluntad y estrategia, la conectividad aérea sí impacta positivamente la economía local, dinamizando sectores como el comercio, hotelería y los demás servicios de la región.
Otro aspecto relevante es el respaldo institucional que debe brindárseles a eventos futuros como el Congreso de Confecámaras y los Juegos Parasuramericanos que requerirán de mayor capacidad de vuelos con destino a Valledupar.
El llamado es a que estos anuncios y comienzos de nuevos procesos de transporte aéreo no se queden a mitad de camino y que no claudiquen antes de lo debido; se requiere que la institucionalidad explore mecanismos que garanticen continuidad, competitividad en tarifas y sostenibilidad en el tiempo. Ojalá y esta nueva ruta Valledupar-Medellín, que comenzará a operar a partir del próximo 29 de marzo, se quede para siempre. Pero entonces veamos qué debemos hacer para asegurarlo.
Hemos consultado a Cristina Zapata, una dinámica paisa, hotelera de Valledupar (que ya es su ciudad), integrante del grupo de hotelería y turismo ‘Magia Vallenata’ y que reúne todas las condiciones para hacer recomendaciones, pues puso todo el empeño cuando en la época que precedió a la pandemia impulsó y logró, con otros actores locales, la operación de dos rutas con Medellín de las aerolíneas Easyfly y ADA. Al final no continuaron. ¿Qué nos dice?: mucha y sostenida promoción del destino Valledupar en el propio Medellín y Antioquia, para estadías distintas al festival vallenato, con su alcalde, amante del vallenato, con las agencias de turismo, con los gremios antioqueños y cámaras de comercio (porque no solo es clave promover el viaje turístico sino también el corporativo), en muchos lugares claves, entre ellos los aeropuertos y los centros comerciales, de la mano y con el apoyo de Satena y los gobiernos del Cesar y de Valledupar, buscando pero no dependiendo del apoyo del Ministerio del ramo y del fondo FONTUR. ¡Cojamos vuelo!
