EDITORIAL

Volvamos a los carnavales, pero ojalá a los de antes

Ha generado mucha expectativa el Decreto 1182 de 2025, mediante el cual el alcalde de Valledupar, Ernesto Orozco Durán, declaró abiertas las fiestas tradicionales del Carnaval Vallenato, las cuales se realizarán entre el 17 de enero y el 15 de febrero del 2026 en los escenarios y espacios públicos que acaba de designar la Junta Central del Carnaval.

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Ha generado mucha expectativa el Decreto 1182 de 2025, mediante el cual el alcalde de Valledupar, Ernesto Orozco Durán, declaró abiertas las fiestas tradicionales del Carnaval Vallenato, las cuales se realizarán entre el 17 de enero y el 15 de febrero del 2026 en los escenarios y espacios públicos que acaba de designar la Junta Central del Carnaval.

Aunque la agenda se abrió desde el domingo 5 de enero con la inscripción de candidatas al carnaval, este sábado 17 de enero será el primer gran acto público con la lectura del bando y del decreto del carnaval en la Plaza Alfonso López, evento programado a partir de las cuatro de la tarde, el cual será el punto de partida de las distintas actividades carnestolendas que se realizarán en los distintos barrios o sectores de la ciudad y varios corregimientos.

Es importante recordar que los carnavales de Valledupar fueron, durante décadas, una expresión auténtica de alegría, unas fiestas caracterizadas por la buena música en vivo en las distintas casetas. Ese debe ser el espíritu que se debe rescatar frente a la amenaza de la violencia y las riñas que ahora imperan en cada evento masivo de cualquier celebración.

Por todo ello es necesario hacer un llamado para que los carnavales vuelvan a sus costumbres tradicionales, lejos de los enfrentamientos y de cualquier situación que ponga en peligro a quienes participan.

Es importante que las nuevas generaciones valoren el pasado carnavalero de Valledupar, ciudad que en otrora supo destacarse en la región Caribe por sus inolvidables temporadas de precarnavales, reconocidas como unas de las mejores del país. Aquellas programaciones reunían a los grandes íconos del vallenato y de la música tropical como Diomedes Díaz, Los Hermanos Zuleta, el Binomio de Oro, Jorge Oñate, Los Betos, entre muchos otros, acompañados incluso por orquestas internacionales que les daban mucho peso a esas fiestas. Era una época en la que la música de primera línea y la maicena eran el centro de la celebración y no el caos como ocurre en muchos de los espectáculos públicos de ahora.

Cómo olvidar esos años dorados en los que se vivían los tradicionales desfiles de los sábados por la carrera Novena hasta el parque El Viajero, las guachernas llenas de entusiasmo, las casetas de los barrios y los programas radiales con sus ingeniosas letanías, que retrataban con humor la cotidianidad del pueblo. Los disfraces, la creatividad popular y la participación ciudadana eran protagonistas, fortaleciendo el sentido de pertenencia y la identidad cultural representada en los comités que apoyaban a cada reina popular.

Ojalá que en este año se logre la recuperación de ese espíritu carnavalero sano y libre de violencia. Valledupar merece unos carnavales seguros, organizados y fieles a su tradición, donde la fiesta vuelva a ser sinónimo de cultura y alegría.

Comencemos a disfrutar entonces de manera tranquila desde este sábado estas coloridas fiestas y mañana domingo 18 de enero la invitación es al ‘Carnaval en mi pueblo’ en el corregimiento de Guacoche; el 24 en ‘Carnavaleando en mi comuna’ en el parque del barrio Villa Miriam, el 25 en Valencia de Jesús, el 30 la imposición de bandas a las candidatas en la ‘Casa en el Aire’, el 31 de enero en el barrio Los Fundadores, el primero de febrero en el corregimiento de Los Corazones, el 7 en el barrio Primero de Mayo, el 8 en Aguas Blancas, el 13 en el parque Los Algarrobillos, el 14 en la Plaza Alfonso López y el 15 de febrero se celebrará el Carnaval del Río, en el Parque Lineal Hurtado.

En ese sentido, resulta clave escuchar a quienes conocen el carnaval no solo desde la tarima, sino desde la experiencia cultural y comunitaria. Carlos Maldonado, presidente de la Junta Central del Carnaval, lo ha explicado con claridad: la fiesta bien organizada no es sinónimo de caos, sino de control social y apropiación del espacio público. Cuando la comunidad participa, reconoce a los suyos y asume responsabilidades, los riesgos disminuyen. Integrar a jóvenes de barrios y comunas en la logística, en la organización y en el cuidado de los eventos no solo fortalece el sentido de pertenencia, sino que reduce tensiones y desactiva conflictos que antes terminaban en enfrentamientos.

Lejos de negar los problemas, la apuesta actual es enfrentarlos con cultura, planificación y liderazgo. Cierres controlados, rutas definidas, trabajo previo en los barrios y participación directa de la gente han demostrado que la tradición no se protege prohibiéndola, sino ordenándola. Como bien resume Maldonado desde su recorrido por las fiestas populares del país, desde Valledupar hasta otros escenarios del Caribe: “Cuando hay fiesta, la violencia baja”.

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