EDITORIAL

Venezuela, el vecino en su laberinto

Aún no sabemos en realidad qué pretende el presidente Trump y su Secretario de Estado, de origen cubano, Marcos Rubio, con Venezuela.

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“Las respuestas no son fáciles”, dice el diario New York Times en su editorial crítico sobre la actuación del presidente Trump. No nos gustan las acciones ilegales de un país sobre otro pero tampoco las dictaduras de tres décadas, que invaden países exportando a sus nacionales, produciendo éxodos de millones de ciudadanos, llevan a la miseria al 90 % de su población, arruinan un país, otrora de los primeros a nivel mundial.

Llenan sus cárceles de presos políticos si antes no se han exiliado e incurren en graves violaciones de los Derechos Humanos y en delitos de carácter universal, objeto de fiscales antinarcóticos y de la Corte Penal Internacional, CPI.

Como si fuera poco, roban descaradamente las elecciones, como pasó con las presidenciales del 28 de julio del 2024, sacan a la calle a los llamados colectivos, civiles armados por el régimen para generar miedo, y han dado guarida solidaria a las guerrillas y a los traficantes que se mueven libremente en la frontera.

Sus gobernantes, familiares -en su mayoría militares- y aliados, llamados bolichicos enchufados, mancillando el nombre de El Libertador Simón Bolívar, se convirtieron en reyes de la exhibición de lujos, despilfarro y corrupción a nivel global.

Para no hablar de que acaban el emprendimiento, la propiedad y menoscaban la libertad de prensa, y el correlativo derecho ciudadano a estar debidamente informados.

Ese llamado socialismo del Siglo XXI enlodó además cualquier modelo de izquierda verdaderamente democrática, liberal y social en nuestro hemisferio.

Las respuestas no son fáciles porque no hay conclusiones definitivas… y no es claro lo que va a pasar en los próximos días o meses, ante la amenaza de Trump de que si la vicepresidenta, encargada en el ejercicio temporal de la presidencia, Delcy Rodríguez, tendrá un peor futuro que el de Maduro y su pragmático desconocimiento del
papel que pueda tener María Corina Machado en la actualidad y, más preocupante aún, el de Edmundo González, que venía reconocido por el propio gobierno norteamericano como el presidente electo de Venezuela.

Trump no consideró ni la legalidad internacional, ni el respeto de la soberanía de los países, ni obtuvo autorizaciones previas de su Congreso para un conjunto de acciones sobre Venezuela, no limitadas a la llamada ‘extracción’ de Maduro, sino para un real bloqueo marítimo y aéreo que lo precedió, ni el proceder a matar extrajudicialmente, es decir sin fórmula de juicio, a lancheros bajo la probabilidad de que transportaran drogas. Ni recurrió a una fuerza o coalición multilateral ni tampoco, otro hecho no despreciable, recurrió a la legalidad que le ofrecía el previo reconocimiento formal que había hecho de Edmundo González, que venía pidiendo pista para ingresar a su país y asumir un nuevo gobierno. En ese plano esas acciones son condenables.

Pero el hecho de que sean condenables no nos impide -he ahí lo paradójico y que pueda resultar contradictoria nuestra posición, por la complejidad del problema- justificar la defenestración de Nicolás Maduro, el espurio presidente de la República Bolivariana de Venezuela.

Aún no sabemos en realidad qué pretende el presidente Trump y su Secretario de Estado, de origen cubano, Marcos Rubio, con Venezuela. Todo indica, que en los próximos meses intentarán ejercer un protectorado extranjero e imperial sobre el mismo régimen dictatorial, que antier ha justificado el decreto de una Conmoción Especial la fusión Popular Militar y Policial, anunciada para ‘enfrentar’ al coloso que ahora pretende tomar sus recursos naturales. Pero hay todas las especulaciones, hipótesis, teorías y sospechas. Seguiremos atentos a los acontecimientos de nuestro vecino.

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