EDITORIAL

Que no se pierda el encanto de la disputa por el Rey Vallenato

Ese concurso es el centro y el corazón, o por lo menos debería serlo, del Festival Vallenato, y ese es el punto que aborda el columnista en mención.

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A propósito de la columna de opinión del periodista y folclorista Jorge Naín Ruiz, titulada “El Festival Vallenato ya no emociona”, bien vale la pena revisar de manera puntual lo relacionado con el concurso de acordeoneros profesionales que todos los años otorga una nueva corona de Rey Vallenato.

Ese concurso es el centro y el corazón, o por lo menos debería serlo, del Festival Vallenato, y ese es el punto que aborda el columnista en mención.

Compartimos esa opinión en el sentido de que el Festival Vallenato no puede perder la sorpresa, no puede permitir que se acabe el encanto que por tradición constituía la disputa por la corona del Rey Vallenato, algo que era de gran trascendencia en el pueblo amante del folclor vallenato, al punto que en algunas ocasiones la plaza Alfonso López solía dividirse en dos tribunas, una a favor de un concursante y otra en apoyo a otro.

En los primeros años fueron emblemáticos los casos en los que estuvieron involucrados figuras tan reconocidas del acordeón como Luis Enrique Martínez y Lisandro Meza a quien el público bautizó el rey sin corona, entre otras disputas de esa vieja época que pueblo las vivía con la misma pasión que lo hacen las hinchadas en un partido de fútbol.

Después se dio en el primer concurso de Rey de Reyes que dividió al público entre los que apoyaban a ‘Colacho’ Mendoza y los que se inclinaban por ‘Alejo’ Durán. Luego, en 1989, también hubo una fuerte contienda de simpatía entre seguidores del ‘Cocha’ Molina por un lado y, por otra parte, los que deseaban que el ganador fuera Omar Geles. Tal vez, hasta ahora, el único acordeonero que logró tener casi que al ciento por ciento de la plaza Alfonso López a su favor fue ‘Juancho’ Rois, pero que, según el jurado, terminó perdiendo ante Julián Rojas.

Bajo la premisa que señala Jorge Naín Ruiz, el tema del jurado calificador ha venido incidiendo “en el proceso de pérdida del interés del público por ese concurso”. “Ahora con anticipación se sabe quién va a ser el nuevo Rey Vallenato”, sin importar si tocó mejor que los demás concursantes, indica.

Esa es una preocupación que cada vez va en aumento, se ha perdido esa magia que consistía en que cualquier acordeonero inspirado podía tumbar a un favorito y escribir una nueva página en la historia del vallenato, como pasó con ‘El Pollito’ Herrera frente al trirey Alfedo Gutiérrez y el de Julián Rojas que acabamos de mencionar. En síntesis, la tarima era el escenario de las sorpresas y no de los libretos anunciados como se está viendo ahora.

Aunque en la mayoría de puntos estamos de acuerdo con lo señalado por Naín, también fuimos testigos de los llenos totales durante los tres días que el concurso estuvo en la Plaza Alfonso López, así como la jornada en la Feria Ganadera.

No obstante, como dice Naín, algo hay que hacer para evitar que se pierda la credibilidad en la competencia. Indica que en las redes sociales se ha amplificado la crisis de confianza en el concurso. Es normal que existan inconformidades, en toda competencia las habrá, lo que preocupa es que esas dudas se normalicen y no pase nada.

Sería bueno comenzar a explorar nuevos mecanismos o reglas del concurso, por ejemplo, la propuesta que ya en otras ocasiones hemos planteado en el sentido de que el jurado calificador sustente ante el público su fallo, que explique por qué calificó de una u otra manera, eso daría respuestas a muchas dudas e inconformidades. Es decir que el fallo sea motivado.

O qué tal si se aplica lo del boxeo, en donde hay un campeón y un retador. Acá podría ser que el nuevo Rey Vallenato debe vencer al que esté ostentando la corona y para poder enfrentarlo primero debió ganarles a los demás competidores en las rondas previas a la gran final. Son solo un par de ideas, pero deberían surgir muchas más para que el Festival Vallenato recobre el encanto de ese concurso.

Paradójico que el sueño de la Cacica y su corte folclórica de hacer del Parque de la Leyenda y su gran coliseo el pedestal de la música tradicional vallenata haya abierto la puerta, tal vez adaptándose, a una fiesta de un vallenato industrial, masivo, internacional, comercial y de acceso estratificado, cuyo concurso final, de un trío ancestral parece predestinado; apagado por el ruido de los grandes espectáculos de conciertos.

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