Están anunciadas visitas a Valledupar de dos de los candidatos punteros a la presidencia de la República, este sábado 9 de mayo llegará Iván Cepeda y el próximo domingo 17 lo hará Abelardo de la Espriella. Ya lo había hecho Paloma Valencia.
Los candidatos vienen en busca del voto de los cesarenses y para lograrlo utilizan a los sectores políticos que los respaldan en esta región, cuyos jefes, en su mayoría, brindan apoyo en pro de obtener burocracia y poder político. Pero ¿quién vela por los intereses generales del Cesar?
Es bueno que los candidatos vengan, pero mejor aún si los distintos estamentos de aquí lograran que estos asumieran compromisos concretos con el Cesar. Esas visitas deberían mirarse como oportunidades que no pueden desaprovecharse y pasar de los aplausos de campaña a la elaboración de una lista de temas de este departamento que el próximo presidente debe comenzar a resolver apenas llegue a la Casa de Nariño.
Por encima de las simpatías políticas, de las alianzas electorales o de los sectores que hoy acompañan a uno u otro aspirante, lo verdaderamente importante es que el departamento logre construir una agenda común y seria de prioridades estratégicas que obligue moral y políticamente al próximo presidente de Colombia a mirar hacia esta región que sigue con muchas obras y proyectos inconclusos.
Se necesita un acuerdo institucional que trascienda los partidos y los gobiernos de turno. Por ello, sería deseable que un ente representativo del departamento, integrado por autoridades locales, gremios económicos, universidades, organizaciones sociales y dirigentes de distintos sectores, elaborara un documento unificado que contenga las necesidades y proyectos prioritarios de Valledupar y del Cesar, algunos ya iniciados y otros proyectados, pero engavetados.
Ese documento debería ser presentado a cada uno de los candidatos presidenciales que vengan a Valledupar para que asuman públicamente compromisos frente a temas como la infraestructura vial, el acceso al agua potable, la seguridad, el fortalecimiento del agro, la transición económica tras la dependencia minera, la salud, la educación superior, el turismo cultural, entre otros.
Es necesario que se establezca una agenda institucional de trabajo con quien resulte elegido presidente de Colombia, que eso permita un relacionamiento permanente con el Gobierno Nacional, con visitas periódicas del jefe de Estado y de sus ministros a Valledupar, mesas de seguimiento a los proyectos estratégicos y canales de interlocución fluidos con la Gobernación y las alcaldías municipales.
Precisamente, una de las grandes lecciones que deja el actual gobierno del presidente Gustavo Petro es que la distancia entre la Nación y las regiones termina afectando el desarrollo territorial. Durante estos cuatro años, el Cesar sintió la ausencia de una relación institucional cercana con la Casa de Nariño. El presidente Petro nunca consideró prioritario construir un trabajo conjunto sostenido con el Gobierno departamental y los alcaldes del Cesar. Tampoco participó en las inauguraciones del Festival de la Leyenda Vallenata, escenario que históricamente había servido para que la dirigencia política, empresarial y social expusiera ante el Gobierno Nacional las principales necesidades de la región.
Insistimos en que la región debe aprovechar este momento para exigir compromisos verificables, cronogramas de ejecución y voluntad política sobre casos concretos como los proyectos de la doble calzada a San Roque y Maicao, PTAR para el río Cesar y distritos de riego, los cuales, tal como lo dijimos en editoriales anteriores, se mantuvieron engavetados durante los cuatro años del presente gobierno, pese a estar incluidos en el Plan Nacional de Desarrollo. Se necesita que se retome el embalse multipropósito de Besotes y se culminen los tramos pendientes de la Ruta del Sol, entre otros asuntos de gran impacto regional.
