Debido a la incidencia del asunto en nuestra región, en especial en departamentos como el Cesar y La Guajira, acogemos el tema planteado, en su reciente columna, por el presidente ejecutivo de Fedegán, José Félix Lafourie, quien hace un acertado análisis sobre la crisis del sector lechero en Colombia.
Pese a que es un problema de vieja data, y se cree que ha sido debatido de manera suficiente, el columnista en mención nos refresca la memoria con nuevas cifras y datos que bien vale la pena someter a una revisión rigurosa en aras de ampliar la visión y tratar de encontrarle una salida a ese fenómeno que afecta la economía local y regional, en razón a que tenemos una vocación ganadera en pequeña, mediana y gran escala.
El análisis se concentra en la crisis de precios que afronta el pequeño productor lechero del país, situación de la cual no escapan el Cesar y La Guajira, departamentos donde la economía campesina depende en gran medida de la ganadería de doble propósito. Hoy miles de pequeños ganaderos enfrentan problemas de mercado que amenazan la seguridad alimentaria, el empleo rural y la estabilidad social de regiones enteras.
Muy a pesar de que las cifras en 2025 pueden considerarse como alentadoras, debido a que la producción nacional de leche superó los 8.400 millones de litros, labor en la que participaron cerca de 400.000 ganaderos, preocupa que detrás de ese aparente crecimiento más de 230.000 de estos productores son pequeños campesinos con menos de 10 animales, cuya subsistencia depende directamente de la venta diaria de leche. Eso define la vida económica de miles de familias en el país y de igual manera en nuestra región.
Según la opinión de Lafourie, el problema central radica en la marcada concentración del mercado. La industria formal apenas compra el 41% de la producción nacional, y un reducido grupo de empresas controla la mayor parte de ese acopio. El desequilibrio se presenta porque hay muchos vendedores frente a pocos compradores, lo cual hace que los precios se impongan desde la demanda, dejando a los productores sin capacidad de negociación. En Cesar y La Guajira los campesinos se ven forzados a vender en la informalidad, donde los precios son aún más bajos y las condiciones muy difíciles.
Otro factor negativo es que, pese a que existe suficiente producción nacional, la industria continúa importando grandes volúmenes de leche y derivados. La apertura comercial y la eliminación progresiva de aranceles, particularmente con Estados Unidos, amenazan con profundizar esa tendencia y ante eso a los productores locales les toca competir en condiciones desiguales frente a economías subsidiadas. Así no hay como competir.
Pero hay más. El incremento del 1,3 % en el precio de referencia de la leche contrasta con el aumento del 23 % del salario mínimo y con el alza generalizada de los costos de producción. En la práctica, eso se traduce en una pérdida del poder adquisitivo de los ganaderos, cuyo impacto también lo sienten los pequeños productores del Cesar y La Guajira.
Como se puede ver, la economía campesina vive bajo constante amenaza de deterioro. La “quincena lechera”, que representa el ingreso de miles de familias, ya no alcanza para cubrir las necesidades básicas. Los productores se enfrentan a situaciones complicadas como las de alimentar a sus familias o sostener sus animales.
El llamado es a no seguir ignorando esta realidad. Se requieren medidas que equilibren la relación entre productores e industria, que fortalezcan los canales de comercialización, que protejan la producción nacional frente a importaciones desleales y que garanticen precios justos para quienes sostienen la base del sistema alimentario.
Ese es el clamor de miles de pequeños productores de leche, de ellos depende gran parte de la seguridad alimentaria de regiones como el Cesar y La Guajira.
