EDITORIAL

Endeudarse más sí, solo si el destino y capacidad de pago lo justifican

No hay que satanizar los endeudamientos. Es cierto que las ciudades crecen y sus necesidades también. Sin embargo, endeudarse implica una responsabilidad mayor, debido a que lo que hoy se aprueba, mañana lo pagan los ciudadanos.

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En Valledupar, la semana anterior —con puente festivo incluido— cerró en medio de muchas inquietudes ciudadanas con respecto a la solicitud para un nuevo empréstito por $130.000 millones por parte del municipio, que se sumaría a los $150.000 millones ya aprobados en el 2025 por parte del Concejo Municipal.

Se conoció que el documento del proyecto fue radicado el pasado 18 de marzo y socializado el viernes 20 de marzo, y se dieron ya pasos hacia su aprobación; con esos recursos la administración municipal pretende financiar infraestructura tecnológica y vías en la zona corregimental. Pero el solo anuncio encendió las alarmas en cuanto al rumbo fiscal del municipio y sobre la prioridad en la destinación de esos recursos. Lo que no se entiende es por qué al poco tiempo de que se conoce un proyecto de esta magnitud, en muy pocos días después ya está aprobado por el Concejo.

El primero en lanzar las voces de alerta fue el concejal Jesús Perpiñán, quien asumió una postura crítica frente al tema, advirtiendo que “un nuevo endeudamiento es una decisión que debe cumplir con unos criterios rigurosos y un análisis sobre la capacidad de endeudamiento del municipio… la otra preocupación que tenemos es sobre la destinación de esos recursos frente a tantas necesidades prioritarias que tiene Valledupar”, afirmó.

Es válida y necesaria la inquietud del concejal Perpiñán dentro del ejercicio democrático. Se debe analizar el monto que se va a pedir prestado y para qué. La administración municipal ha tratado de explicar la destinación real de estos $130.000 millones, pero se ha cuestionado el por qué no priorizan proyectos sociales, iniciativas productivas, generación de empleo y pequeñas obras de alto impacto en la ciudad o incluso en zonas rurales. Se observa que una vez más se concentrarán los recursos en infraestructura vial, el llamado “cemento”, que, si bien es importante, no necesariamente resuelve los problemas de la población. Ese ha de ser el análisis de fondo que debe hacerse antes de tomarse cualquier decisión al respecto, si es que ya no está tomada.

No hay que satanizar los endeudamientos. Es cierto que las ciudades crecen y sus necesidades también. Sin embargo, endeudarse implica una responsabilidad mayor, debido a que lo que hoy se aprueba, mañana lo pagan los ciudadanos.

Al mirar las prioridades actuales de Valledupar, es evidente que se necesita inversión en educación, en emprendimiento, en desarrollo rural sostenible, en acceso a servicios básicos y en programas que dinamicen la economía local. Además de los kilómetros pavimentados, el crecimiento debe medirse en calidad de vida.

Al referirse al empréstito, la secretaria de Hacienda, Lily Esther Mendoza, ha señalado que el municipio tiene capacidad de endeudamiento gracias al aumento de los ingresos corrientes de libre destinación. Eso es bueno, pero no puede ser el único argumento a sabiendas de que la sostenibilidad fiscal también debe basarse en una buena decisión política sobre cómo y en qué se invierten los recursos públicos, en la que deben prevalecer las necesidades prioritarias de la gente.

También inquieta que estamos a menos de dos años de finalizar el actual gobierno, comprometer cerca de $280.000 millones en deuda total obliga a preguntarse si se está planificando con visión de largo plazo o si se están acelerando decisiones que podrían limitar la maniobra de futuras administraciones.

Nuestro llamado es a que haya transparencia, planificación y equilibrio en la toma de decisiones. La Alcaldía debe explicar con detalle, cifras y proyectos concretos, el destino de cada peso que se pretende invertir. Si los proyectos tienen sus estudios y diseños, verbigracia. Debe demostrar que este empréstito no es una repetición de esquemas centrados en el concreto, sino una apuesta integral por el desarrollo humano y económico del municipio. Mientras que el Concejo, por su parte, tiene la responsabilidad de no aprobar a ciegas. Su decisión debe estar sustentada en evidencia, análisis técnico y en el interés general de los vallenatos. A eso están llamados señores concejales.

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