EDITORIAL

Pequeños vehículos que generan grandes inquietudes

Al igual que en muchas otras ciudades, en Valledupar comienza a coger fuerza el uso de la patineta y las motocicletas eléctricas. Ambos son pequeños vehículos que surgen como una alternativa de transporte y diversión, pero cuya regulación y control todavía está en pañales, lo que genera diversas inquietudes en la ciudadanía. Preocupa que con […]

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Al igual que en muchas otras ciudades, en Valledupar comienza a coger fuerza el uso de la patineta y las motocicletas eléctricas. Ambos son pequeños vehículos que surgen como una alternativa de transporte y diversión, pero cuya regulación y control todavía está en pañales, lo que genera diversas inquietudes en la ciudadanía.

Preocupa que con este tema suceda lo mismo que ocurrió con el mototaxismo, un fenómeno que inició de a poquito y luego se convirtió en un gran problema que se le salió de las manos a las autoridades; ahora no hay cómo controlarlo y el índice de siniestralidad cada vez va en aumento.

En ese sentido, el llamado a las autoridades es a que se tomen medidas contundentes antes de que el enano se crezca, máxime cuando acaba de crearse una normatividad nacional encaminada a ejercer regulación y control sobre el uso de patinetas y motocicletas eléctricas.

Es un tema que abarca aspectos como movilidad moderna, espacio público y cultural ciudadana, lo cual obliga a que Valledupar se prepare para convivir con nuevas formas de transporte que ya son realidad en muchas capitales del mundo. Aquí se debe comenzar a mirar cómo en otras partes supieron sortear con éxito el buen funcionamiento de esos pequeños vehículos.

Ya es normal ver en Valledupar patinetas eléctricas en parques, avenidas y zonas turísticas como una alternativa ágil, ecológica y atractiva para visitantes y ciudadanos. No se puede negar que estas representan una opción distinta para recorrer la ciudad, aprovechar las rondas de los parques y promover actividades recreativas y deportivas; hasta pueden convertirse en una herramienta complementaria para descongestionar ciertas zonas urbanas y fomentar una mejor movilidad. Pero hay cosas que empiezan a verse: las motos eléctricas, como las patinetas recargables, no exigen SOAT, ni licencia, ni se les está exigiendo el casco, desbordan las velocidades y, a prevención, ¡las están empezando a usar niños!

La secretaria de Tránsito y Transporte, Marianella Guillén Gómez, ha dicho que se trata de una prueba piloto impulsada por una compañía privada con respaldo internacional, pero el detalle del tema es que en Valledupar el asunto todavía no está muy claro en cuanto a control y regulación, y sobre cuáles son las reglas de operación y qué responsabilidades tienen, tanto los que ofrecen el servicio, en calidad de alquiler, como los usuarios de este.

EL PILÓN pudo conocer una nueva resolución del Ministerio de Transporte en la que se fijaron los requisitos técnicos, obligaciones de seguridad y un registro obligatorio para estos vehículos, algo que la secretaria de Tránsito local ya debería estar divulgando, socializando y aplicando, pero, según sus declaraciones entregadas a este medio, al parecer, ella no tiene conocimiento suficiente sobre esa reciente normatividad.

Lo que se conoce es que el Ministerio de Transporte modificó la Resolución Única de Tránsito de 2022 y creó un capítulo específico para los vehículos de micromovilidad, incluidos los vehículos de movilidad personal (VMP) y los vehículos eléctricos livianos de movilidad personal urbana (VELMPU), como las patinetas eléctricas. Es decir, estos pequeños automotores “ya entraron de lleno a la regulación nacional y eso traerá cambios concretos para los usuarios en Valledupar”, reveló el informe de EL PILÓN.

Es importante que los ciudadanos sepan de antemano que al comprar una patineta o motocicleta eléctrica están obligados a portar una ficha técnica, manual o certificación del comercializador.

Es hora, entonces, de que tanto la ciudadanía como las autoridades se interesen por estudiar las normas y comenzar a aplicarlas; ese sería el mejor mecanismo para evitar riesgos y hacer posible el funcionamiento de un sistema seguro de transporte y diversión que requerirá control de velocidades, vehículos equipados con elementos de protección y usuarios que respeten las normas. Al tiempo, Valledupar tendrá que pensar en diseñar una infraestructura de ciudad que permita esas nuevas formas de transporte, tales como ciclorrutas suficientes, vías y señalizaciones, y que adelante una estrategia que deje claro que se le dará preeminencia al transporte público colectivo.

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