EDITORIAL

El agua de Los Venados necesita oxígeno económico

La crisis del acueducto regional de Los Venados evidencia una falla recurrente en la planificación de las obras públicas: se construyen infraestructuras sin garantizar recursos permanentes para su operación y mantenimiento.

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La situación de falta de agua potable que se presenta en el corregimiento de Los Venados, de Valledupar, es la repetición de esa vieja historia en la que se construyen las obras sin planificar los respectivos costos de mantenimiento y administración.

Lo ha dicho el mismo secretario de obras del municipio, Layonel Arenas, al afirmar que la planta de tratamiento del acueducto regional del sur “es una muy buena planta”, pero requiere operación y mantenimiento diario. Y ahí está precisamente el meollo del asunto. Durante años, los gobiernos locales han concentrado sus esfuerzos en inaugurar infraestructura, en mostrar tubos, tanques y estaciones de bombeo como muestras de buena gestión, mientras se deja en segundo plano algo tan importante como la sostenibilidad del servicio, lo cual se garantiza es con presupuesto.

Los ingenieros y encargados de diseñar y formular este tipo de proyectos saben muy bien que un acueducto no funciona solo por el hecho de haberse construido. Ellos saben que un sistema de agua potable necesita operadores capacitados, químicos para potabilización, energía permanente, limpieza constante de filtros, reposición de equipos, vigilancia técnica y atención inmediata de fallas. Todo eso cuesta dinero. Mucho dinero. Y si no existe una fuente estable de financiación, la infraestructura termina convertida en un problema en lugar de una solución, como está pasando con ese acueducto regional de Los Venados y cuyas falencias se extienden a otros corregimientos como Caracolí, El Perro y Guaimaral.

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