Desde el punto de vista técnico, es entendible la decisión de la empresa Afinia de suspender el servicio de energía durante más de diez horas en amplios sectores de Valledupar. Pero lo que deja muchas dudas es el hecho de que se programe justo en medio de un puente festivo y bajo una intensa ola de calor que azota a los residentes en esta capital.
La empresa Afinia argumenta que los trabajos programados buscan fortalecer la infraestructura, modernizar la red y garantizar un servicio más estable frente al aumento de la demanda energética. Eso es aceptable y consideramos que nadie puede oponerse a las inversiones ni al mantenimiento preventivo de un sistema que durante años ha sido ineficiente.
En especial sobre lo que queremos llamar la atención es en cuanto al momento, la duración y el impacto social de esas medidas que nunca se socializaron de manera previa. Un simple comunicado unas horas antes no es suficiente, además de que su difusión no fue masiva ni contundente.
No estamos frente a una decisión insignificante, estamos es ante un tema complejo y pareciera que no se pensó en el gran impacto que generaría. No deja de ser contradictorio que mientras la ciudadanía enfrenta temperaturas sofocantes, que en Valledupar fácilmente superan sensaciones térmicas de 40 grados, se programe un apagón masivo precisamente en uno de los días donde miles de familias permanecen en casa por el festivo. Para muchos hogares, especialmente aquellos con adultos mayores, niños, enfermos o personas en condición de vulnerabilidad, quedarse sin ventiladores o aire acondicionado durante diez horas deriva en una situación que afecta la salud.
También preocupa que el apagón se dé en zonas donde funcionan hospitales, clínicas, centros médicos e instituciones públicas que brindan atención prioritaria. Es cierto que muchas entidades cuentan con plantas eléctricas, pero no todas tienen la capacidad económica para asumir los costos de la operación alterna del suministro de energía.
También entra a jugar el malestar ciudadano que observa como su sacrificio de quedarse sin energía eléctrica durante largas horas no se traduce en mejora de la calidad del servicio. Las deficiencias siempre continúan igual, además de los altos costos.
En Valledupar los usuarios pagan tarifas elevadas y pese a eso continúan enfrentando interrupciones frecuentes y deficiencias del servicio con bajadas y subidas de la potencia que en algunos casos queman electrodomésticos. Tal vez esas son las razones que hacen que cada anuncio de suspensión genere frustración en la comunidad. La gente siente que siempre debe “tener paciencia”, mientras las soluciones definitivas no llegan.
Insistimos en que Afinia debe entender que la comunicación con la comunidad no puede limitarse a un listado técnico de circuitos y barrios afectados. Hace falta mayor socialización, más pedagogía, explicar con claridad por qué estas labores no pueden realizarse en horarios nocturnos o por fases menos extensas. Hace falta, incluso, contemplar mecanismos de compensación o alivio para usuarios que verán alterada su rutina laboral, comercial y familiar. Nadie responde por los efectos económicos y de otra índole.
Desde luego que sería irresponsable desconocer que el sistema eléctrico regional requiere inversiones urgentes. Es cierto que el crecimiento urbano de Valledupar, los barrios subnormales, el aumento acelerado del consumo y las limitaciones de la infraestructura obligan a realizar intervenciones periódicas.
El llamado es a encontrar un equilibrio entre la necesidad técnica y el respeto por la ciudadanía. Estamos de acuerdo en que es necesario modernizar la red eléctrica, pero antes de hacerlo deben explorarse, en conjunto con las autoridades y voceros comunitarios, mecanismos que eviten afectaciones desproporcionadas a la población.
