Cuando todos daban por ilusa la posibilidad de que Valledupar tuviera un Museo de las Artes, la sorpresa ha sido grata.
Y no porque no tuviera ya unas semillas, unos pasos en el pasado, antes de la pandemia, sino porque no se avizoraba que en esta época irrumpiera con tanta novedad en su tradicional referente: la Casa Castro Monsalvo, en la Plaza Alfonso López, que otrora, hasta finales del siglo XIX, perteneció a la familia Pumarejo.
Su deslumbramiento fue el montaje de una sala arqueológica que ha llamado la atención de los vallenatos, en especial de los niños y jóvenes.





