EDITORIAL

La esencia musical vallenata debe prevalecer por encima de todo

Debemos asumir esta protesta de Villazón no como un simple desahogo de un artista que, entre otras cosas, ya está consagrado y no necesita inventar nada nuevo para conquistar público.

canal de WhatsApp

Este lunes festivo, en el disfrute de esta pausa laboral, es propicio para analizar el tema que ha puesto sobre el tapete el reconocido cantante Iván Villazón, quien ha dicho que los artistas nuevos se están aprovechando de la música vallenata para hacer negocios, olvidándose de la verdadera esencia del folclor vallenato.

Por el bien de nuestra música tradicional vallenata debemos hacer eco a las palabras de Villazón, las cuales llegan como anillo al dedo en medio de las nuevas tendencias musicales que los nuevos cantantes de vallenato están imponiendo para tratar de llegarle al público joven.

Debemos asumir esta protesta de Villazón no como un simple desahogo de un artista que, entre otras cosas, ya está consagrado y no necesita inventar nada nuevo para conquistar público, sino como un llamado oportuno. Sus afirmaciones merecen ser recibidas como una advertencia que obliga a revisar el presente y el futuro de nuestra música vallenata tradicional.

Los cuestionamientos de este veterano cantante a los nuevos exponentes del género por “desvirtuar el folclor” en busca de resultados económicos inmediatos, vuelve a revivir el debate en cuanto ¿hasta dónde puede transformarse una expresión cultural sin perder su alma y su esencia? y ¿quiénes están llamados a ejercer control sobre ese particular?

Frente a todo eso, toca hacer un recorderis de que el vallenato nació como relato, como crónica cantada del Caribe colombiano, con una identidad forjada por juglares, acordeones y versos que hablaban de la vida cotidiana. Figuras como Alejo Durán, Alfredo Gutiérrez, Jorge Oñate, los Hermanos Zuleta, Los Betos, El Binomio de Oro y Diomedes Díaz, entre otros, al hacer música tradicional construyeron memoria. Por eso, cuando Villazón afirma que hoy “usan el vallenato para volverse ricos” sin respetar su esencia, no habla desde la nostalgia, lo hace desde la defensa de un legado al que todos estamos obligados a cuidar.

Es claro que las fusiones musicales no son el problema, en razón a que la música siempre ha estado sujeta a mezclarse con otros ritmos y épocas. El conflicto surge es por esa afanosa búsqueda de éxito rápido, cuyo único interés es “pegar un disco en la radio” en detrimento de las bases que sostienen al folclor vallenato.

No se debe permitir que se imponga el interés económico sobre el cuidado del estilo, la narrativa y la instrumentación que le dan sentido al género. Tienen razón los que afirman que “ahora quieren convertir el vallenato en un producto desechable, moldeado al ritmo de las modas, reduciéndolo a una simple mercancía de venta, pero una venta barata, debido a su poca calidad”.

Entre tanto, a la inauguración del Salón de Reyes en Valledupar, debe dársele mayor relevancia como espacio dedicado a los ganadores del Festival Vallenato para que tanto propios como visitantes interioricen la importancia de la historia del vallenato, con sus nombres, trofeos y símbolos, que dimensionen el respeto que eso merece y no se dejen persuadir por esas raras fusiones musicales que suenan en la radio.

Bienvenidas las críticas de Villazón, justo cuando se inaugura el Salón de Reyes, esa circunstancia nos deja dicho que mientras unos apuestan por la inmediatez del mercado, otros insisten en la importancia de la memoria. Muy acertada la posición de Villazón cuando afirma que cada artista es responsable de lo que graba y de lo que persigue cuando lo hace.

Así las cosas, el debate sigue abierto. es necesario entender que mantener vivo el vallenato no significa maquillarlo para hacerlo rentable. Se debe respetar una tradición que ha contado, durante décadas, la historia de lo que el exalcalde de Valledupar Aníbal Martínez Zuleta llamó ‘El país vallenato’.

Temas tratados
  • artistas
  • valledupar
  • vallenato
  • villazon

TE PUEDE INTERESAR